Un mes y medio antes de la prueba decidí que intentaría debutar. No estaba seguro de poder sacar el tiempo necesario, pero de ilusión también se vive.
Llevaba un mes y algo sin correr por un dolor de gemelos que luego ha resultado ser un "fallo técnico" de nacimiento allá por la región lumbar y que sólo da guerra a veces sí y a veces no. Como ya tenía un diagnóstico (después de años con el problema de forma intermitente sin ser consciente) pues a probar si los consejos funcionaban.
Por si lee esto alguien que no me conozca añadiré que nado, corro y voy en bici de forma regular desde hace unos tres años. Lento pero seguro. Si una base así hubiese sido una verdadera insensatez pretender preparar esta prueba en ese tiempo. Eso sí, la experiencia en triatlones tampoco era para tirar cohetes: dos sprint decentes y un olímpico en última posición.
Vamos al grano, al día de la prueba. Los niños están con unos amigos (gracias Cristina y Rafa) y mi gran supporter (mi mujer, claro) a mi lado en todo momento. Dudo mucho de haber estado siquiera en la línea de salida sin su ayuda. Es logísticamente muy complicado esto del triatlón.
10:00 Reunión técnica
Por si me contaban algo interesante, allí estábamos. Pues resulta que como se hará de noche (sorprendentemente) pues que el tiempo de corte es de 7h 30'. Un momento ¿dónde se avisaba de esto? En ningún sitio. ¡Pero si yo he visto tiempos de llegados de otros años por encima de las 8 horas! Os pedimos disculpas, dice el organizador. La primera en la frente.
Menos mal que uno va fuerte de moral a estas cosas, porque es para echarse a llorar. El señor de la organización avisa de que hay 4 vueltas en el recorrido a pie, el Juez pone en la diapositiva que son 3. Claro, luego hay confusiones.
12:00 Plato de pasta
Un decir. Yo que lo tenía todo organizadito para comerme mi pasta a esa hora y tener la digestión hecha para las 14:30 (luego resultó que no había tanta prisa) me quedé con las ganas. Hasta casi las 13:00 no pudo ser. No pasa nada. La moral alta.
13:50 Sesión de (in)vestidura
Que si crema para el sol, que si vaselina, que si el aceite para que entre y salga el neopreno. ¡Ni los toreros!
14:20 Al agua
No quería cometer el error de otras veces de salir de pena nadando por culpa de mi mala tolerancia al agua fría (18ºC según los jueces).
Retraso
5 min, 10 min, 15 min
¿Y el tiempo de corte?
Yo sigo en el agua, que con el neopreno me asfixio a 35ºC. Como la cosa se hace aburrida, me pongo a charlar con Javier (un saludo) al que conozco por eso del remojo y la espera. Lamentablemente le fui sacando datos de sus pruebas anteriores y me empecé a asustar de lo que me venía encima: que tenía 3 horas en maratón, que hizo un HIM en 5h15, pero que aquí se retiró el año pasado a las 6h, vamos, que me puso la prueba en su sitio.
Después de mucho rato la organización nos dice que un accidente de moto ha formado un atasco, que no está la guardia civil, que no ha llegado el autobús que trae a los últimos participantes (la segunda transición no está en el lugar de la T1), que nos quitemos los neoprenos. Uf, si me lo he puesto con ayuda de mi mujer y sudando la gota gorda.
Total, salimos del agua (mi mujer me gestiona un trago de isotónica que sabe a gloria y otro triatleta aprovecha para empinar el codo agradecido) y justo cuando me quito la parte superior del neopreno entonces van y nos forman por orden como en la mili y ¡nos meten prisa!
Bueno pos vámonos que nos vamos. Todos a la corchera. ¿Y la corchera? Ah, sí, esto que se toca con los pies.
15:32 Por fin salimos
Bien. Contando hasta cinco para arrancar, tranquilo y ya enseguida con mi orientación estadística: si veo a gente por la derecha y gente por la izquierda voy bien. Y así fue porque no miré p'alante hasta el final. A la postre lo que creía ser mi punto débil se me dio bien (38' y poco). El único momento entretenido fue cuando una hilera de nadadores se cruzaron en perpendicular arrollando todo a su paso: Eran los del olímpico, que según la organización no nos toparíamos si nadábamos por debajo de 45'. Vaya, otra promesa incumplida.
38' después
Salgo del agua.
Mi mujer "¿cómo vas?" yo "bien, borracho, pero bien". Otro triatleta cercano comenta riéndose "pues yo llevo un pedo…" Lo cual me tranquiliza porque no soy el único y cada uno se consuela como quiere.
Hago la transición tranquilo, salgo de la zona de bicis y me subo... luego veo que me he subido antes de tiempo, pero los jueces no me dicen nada. Empezamos la primera rampita de la jornada, con unos 350 metros de desnivel. Ahí me pasa todo el mundo, la mayoría del olímpico y del sprint. Tengo las ideas claras, el tiempo me da igual y esto es muy largo. No me pico con nadie (Fran no estaba allí).
Muuuucho calor.
Giramos a la izquierda hacia Cebreros y ya la cosa clarea. Los del sprint han seguido rectos. Me llama la atención ver un par de ciclistas con dorsal en sentido contrario. Imagino que se retiraban. Cómo eso no entra en mi diccionario, me sorprende.
Excepto algún misil contado, en general voy manteniendo el ritmo de los que tengo a la vista. Se me van un poco en las subidas, les cojo en las bajadas. Me llama especialmente la atención un triatleta del Half que va con un maillot de manga larga y parecía gordito (el maillot, digo).
Llega el primer avituallamiento. Cojo bidón de sales 0,5l y una botella de agua. Iluso de mí tiro el agua caliente de mi bidón y lo relleno con la botella fresquita. Operación circense encima de una bici de carretera.
¡Que calor!
Un triatleta que está subiéndose a la bici me pregunta por la presión de su rueda de atrás. Ha pinchado y teme no llevarla bien de aire. “Aguantará” le animamos. “Con una bomba pequeña no se puede hacer mucho más”, le dice otro
Maldice su suerte y se me acopla un rato detrás. Me pide disculpas. No pasa nada hombre.
Parece que vamos con un calefactor enchufado. ¿Es que aquí no sabéis hacer carreteras llanas? Me empiezo a mosquear. El segundo avituallamiento era por el 60 ¿no? No voy ni a 20 km/h. Dos horas sin repostar ¡Esto va a ser el Marathon des Sables!
Tengo, desde hace un par o tres de semanas, un dolor en el pie que me está matando en la bici. Curiosamente no me molesta mucho al andar ni al correr. Que le den.
Veo a unos triatletas parados. Pienso que ha debido de haber una caída o algo así. Luego me percato de que están llenando los bidones de un chorrito que mana de las piedras. Más tarde me enteré que hubo abandonos por problemas "gástricos" por beber de un abrevadero no potable.
Un chico con una manguera en una gasolinera echa agua hacia arriba como improvisada ducha. Me paro y lleno un bidón. "Muchas gracias, no lo olvidaré" le digo. Mil veces me arrepentí de no haber llenado los dos. ¿En qué leches estaría pensando?
Definitivamente voy seco. Hay un pueblo. Genial. Entro en un bar y pido agua. Dinero no llevo, pero daré pena seguro. En la plaza del pueblo veo otros dos triatletas caminando con la bici. ¿Dónde hay agua por aquí? En la fuente. Pues allá que vamos.
Recuerdo ver en el fore que llevaba 45 km y estaba ya harto de calor, de sed y de cuestas. ¡Sólo faltan 50 km y una media maratón! A pensar en otra cosa que así no vamos bien.
Sobre el 60, primer paso por Robledo. “¿Qué tal vas?” Me pregunta mi supporter. “¿Bien o te lo cuento?” No dije eso, pero me dieron ganas. Creo que mucha gente aprovechó para coger su coche e irse a casita.
El segundo avituallamiento estaba justo al salir del pueblo. Los chavales, muy majos en todos los puestos, me preguntaban si quería agua, barritas, sales. “De todo”, les dije. Me paré. Bebí, charlé y salí con dos bidones en el cuadro y uno dentro del maillot. Uy, que se me hiela el esternón. Me lo paso a la chepa. Mucho mejor.
Comienza una subidita durilla. Yo no voy sobrao. Llevo, cómo gran parte del recorrido todo metido. Curiosamente es con ese desarrollo cuando más adelanto a la gente. Yo creo que hay que ir o sobrado de piernas o sobrado de desarrollo. Está claro: yo tengo 3 platos.
Aún así tengo pequeños calambres. Sin duda ha sido la deshidratación, porque yo estaba medianamente preparado, las piernas descansadas y no he forzado para nada. Mal vamos. Como y bebo todo lo que puedo. Sobre el 80 los superaría.
La subida, como todas, al final se termina y la bajada es chunga por el estado del asfalto. Varias veces apuesto 3 a 1 a que pierdo el bidoncillo de medio litro que va holgado y pegando botes. Bueno, eso y algún empaste. Al final lo que pierdo es mi apuesta y conservo todo en su sitio.
Me hace mucha gracia que una chica de paquete de un motorista se aproxime y me pregunte que tal voy. No sabe lo que falta para el avituallamiento. Me pasa un bidón de agua y se marcha. Casi fueron los únicos seres humanos que vi por allí. Desde luego ningún triatleta en casi 20 km.
Llegamos a las antenas de la NASA (impresionantes) y al tercer avituallamiento. Último cruce, saludo a la benemérita y ya se ve a los triatletas corriendo. Que gusto poder ser un máquina de esos.
5 horas de bici después
Lo bueno es que ya no hay ni sol. La gorra no me va a hacer falta. Cojo los dos geles que tenía preparados (ya había tomado 4, mas varios plátanos) y me digo a mí mismo "coge el fore, coge el fore, coge el fore". Allí que se quedó puesto en la bici.
Las pulseras las daban curiosamente al empezar la vuelta. Cojo una. Y como hasta entonces el estómago iba bastante bien, pues me trinco un gel con agua muy ufano. ¡Qué mal me sentó! ¡Qué dolor de estómago! Tardé casi dos vueltas en superarlo y no tomé ni agua de lo mal que iba. El único momento que pensé en caminar fue por el dolorcito de marras. Luego se fue poco a poco.
Me dice un compañero de fatigas en tono jocoso: "¡Oye! esas zapatillas... ¡son las del decathlon! (refiriéndose a mis flamantes new feel)" "Sí, señor" le digo "10 €" No recuerdo su expresión exacta pero vino a ser algo así como "¡Manda huevos!"
El circuito no podía ser más feo. Corríamos por medio metro de arcén de una carretera. Cuando venía alguien en sentido contrario había que echarse o a la carretera o al campo. A todo esto en perfecta cuesta abajo a la ida y en perfecta cuesta arriba a la vuelta. Aquí no se regala nada.
Oí la siguiente conversación entre un triatleta y, supongo, alguien del servicio médico: "¿Entonces que hago? Beber sales. No te llenes la barriga de agua o te darán calambres" ¿Adivináis que es lo único que se podía beber en la carrera? Agua. Eso sí, yo tomé nota del sabio consejo y mi supporter me suministró un poco de isostar que me vino al pelo. No tenía yo el estómago para experimentos.
Cuando estoy completando la segunda vuelta con dos pulseritas en la mano viene la noticia. Un juez en bicicleta anuncia: "A las diez y cuarto cerramos el control de carrera" Debían de ser las diez y diez o así. Me fastidió lo justo, porque ya en la charla técnica me temí lo peor. Vi otros que sí que se lo tomaron realmente mal.
Mi primer pensamiento fue:
"Y voy a tener que hacer otra vez un HIM para acabar esta distancia"
El segundo: "Paso de hacer otro"
El tercero: "¿Pero por qué no nos dejan acabar?"
Y el cuarto: "Ya está. Yo acabo éste como sea. Problema resuelto"
A mi mujer, andando a su lado: "Escúchame bien. Van a cortar la carrera, pero yo acabo por mis… Ve al coche y tráeme la linternita led"
Mi única preocupación: Que quitasen los conos y no fuera capaz de saber dónde dar la vuelta. "¿Vas a seguir? Sí. Bajo tu responsabilidad. Puedo prometer y prometo que sigo bajo mi responsabilidad" Textual
La chica que va a mi lado le queda una vuelta y le pide a un miembro de la organización "por lo menos completad el podium femenino, que voy la tercera"
Unos pocos seguimos. Yo creo que muchos lo pensaron pero al final se desanimaron. Llego a la zona de agua. Tomo una referencia con dos torres eléctricas y la luna. Aquí tengo que dar la vuelta si me quitan los conos.
Estoy llegando al final de la tercera vuelta. "Voy a acabar" le digo mi mujer "claro que sí" me responde "¡qué confianza!" pienso. Luego resultó que la pobre estaba confundida por la charla técnica dónde ponía en la diapositiva que eran 3 vueltas aunque el organizador confirmó que serían 4. "No te preocupes si tardo algo más, puede que tenga que andar" Al final no fue así, pero mi tercera vuelta fue la más rápida por la adrenalina del "fuera de control" y notaba los cuádriceps tocados.
"¡Qué previsor! Me comentan otros triatletas al ver la linternita que sólo servía para que me vieran los coches. La luna era muy tímida y no se veía un pimiento. Paso otra vez por el campo de futbol. El speaker que aún curraba en aquel momento anuncia que dos triatletas llegan por fin a meta. Se equivoca, a mí me queda una vuelta todavía.
España gana ya a Francia en el europeo de fútbol. Poca gente por allí.
Un chaval de la organización me anima. Los coches pitan. Algún grito de ánimo también sale por las ventanillas. Creo que nunca me habían sentado tan bien esos ánimos y nunca los había sentido tanto.
Última bajada de la cuesta. Las chicas del agua siguen allí. No tienen una mísera luz. Están en la carretera jugándose el físico. La luna se ha perdido entre las montañas y mi referencia también. Gracias, gracias, gracias, les digo. Lo mejor de la nefasta organización.
Quedamos 3 triatletas. El último va andando detrás de mí. El otro me había adelantado en la bajada. Al final de la misma le veo vaciando el depósito "no había hecho en toda la prueba" dice. "¡Vamos juntos!" me anima. No sé si es que le apetece ir protegido por mi linternita o simplemente le apetece ir en compañía. "Vete" le insisto varias veces. Me había pasado claramente en la bajada y no quería forzar por ir a su ritmo.
En estas que un chaval en moto viene del pueblo. Nos anima y se pone justo detrás nuestra para acompañarnos y darnos luz. Gracias. "No te puedo dar mucha conversación" le digo "ni te la pido” dice “tú a lo tuyo. Es grande lo que estáis haciendo. Yo competía, pero un accidente de moto me tiene parado. Estoy deseando volver" Que majo.
Mi compi flojea y el motorista le espera. Yo me animo y me vengo arriba.
Mi mujer corre a mi lado y me dice cosas que me emocionan profundamente. ¿Te he dado suficientemente las gracias? Pues gracias otra vez.
Encontré una frase en un foro esa semana y un "reminder" me la metió entre ceja y ceja:
El dolor es pasajero el orgullo es para siempre
PD: El reloj estaba parado. Otro detalle de la organización. Llegué 10 minutos después de lo que marca.
Mostrando entradas con la etiqueta triatlon. Mostrar todas las entradas
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viernes, 29 de junio de 2012
sábado, 9 de julio de 2011
Triatlón de montaña Tri Encinas
Ya soy triatleta, y de montaña.
Este año el club ducross ha organizado el triatlón de montaña TRI Encinas, en la madrileña localidad de Boadilla de Monte.
Pablo y yo nos hemos animado, y la experiencia ha sido espectacular. Qué os voy a contar?
Pues que nadé 700 m, el que se está lanzado desde el embarcadero soy yo, después de dejar pasar a 95 corredores, básicamente para darles ventaja.
Que hice 15 km en mtb, intentando no sufrir mucho, en esta foto es del la salida en bici se me ve feliz, no como cuando dejé la bici...
Y acabando con 4 km de carrera a pie que me han sabido a gloria. Sufrí justo lo que tiene que sufrir un atleta que la última vez que se calzó sus zapas de correr fue hace 6 meses.
Sin embargo aquí tuve las mejores sensaciones, una de ellas entrar en la meta con Sergio.
Al final el tiempo creo que es lo de menos, pero como hay foto lo ponemos:
Creo que fue Montesquie quién dijo, desdichado aquel que no consigue realizar sus proyectos, y desdichado también aquel que lo consigue. En fin, ahora tendré que buscar otro.
Este año el club ducross ha organizado el triatlón de montaña TRI Encinas, en la madrileña localidad de Boadilla de Monte.
Pablo y yo nos hemos animado, y la experiencia ha sido espectacular. Qué os voy a contar?
Pues que nadé 700 m, el que se está lanzado desde el embarcadero soy yo, después de dejar pasar a 95 corredores, básicamente para darles ventaja.
Que hice 15 km en mtb, intentando no sufrir mucho, en esta foto es del la salida en bici se me ve feliz, no como cuando dejé la bici...
Y acabando con 4 km de carrera a pie que me han sabido a gloria. Sufrí justo lo que tiene que sufrir un atleta que la última vez que se calzó sus zapas de correr fue hace 6 meses.
Sin embargo aquí tuve las mejores sensaciones, una de ellas entrar en la meta con Sergio.
Al final el tiempo creo que es lo de menos, pero como hay foto lo ponemos:
Creo que fue Montesquie quién dijo, desdichado aquel que no consigue realizar sus proyectos, y desdichado también aquel que lo consigue. En fin, ahora tendré que buscar otro.
domingo, 30 de mayo de 2010
Mi primer triatlón olímpico
La imaginación debe ser una de las armas más poderosas del ser humano. No sé si además, es algo que nos distingue del resto de animales. Luego, alguien formuló la frase: "Si puedes imaginarlo, puedes hacerlo"
Pues yo un día imaginé, pensé o soñé que podría hacer un triatlón olímpico. Sin embargo, la realidad es caprichosa a la hora de dar vida a nuestros sueños. Vamos, que ni de coña me habría pensado que esto iba a ser así.
En febrero me fui a Sevilla con ganas de quitarme una espinita en la maratón, y todo fue de maravilla. En la llegada me dieron publicidad del primer triatlón olímpico de Sevilla. Me pareció una señal.
Por no aburrir mucho con la previa, digamos que he nadado un día por semana, corrido dos y salido uno en bicicleta desde aquella prueba hasta esta. Nada del otro mundo (aunque para los runners yo siempre estoy sobre entrenado), pero me parecía suficiente para terminar. Mis temores venían sobre todo por el calor y por no haber rodado más que dos veces en bici de carretera este año. Ambas sólo unos días antes de la prueba.
Volviendo a la imaginación, yo gratuitamente, me había imaginado luchando en un bonito sprint por parar el reloj en las 3 horas. Que iluso.
Como no era mi primer triatlón (sino el segundo) y con varios duatlones más de experiencia, todo el tema de mentalización para transiciones y demás creía llevarlo bien en la cabeza. Llevo la cinta del pulsómetro bajo el mono y el Forerunner se queda encendido y con el recorrido arrancado para bici.
Sin mayores historias me veo descalzo, camino de la salida de natación que se haría dentro del agua. Primer despiste, llevo puesto el dorsal con la gomita que me acabo de probar para ver si entra bien por la cabeza. No pasa nada vuelvo, lo dejo y confirmo la referencia para encontrar la bici, aunque ya sé que habrá poquitas cuando salga.
La salida fue un pequeño carajal. Un pelotón de escapados que se puso a nadar antes de tiempo. Los hacen volver, algunos tiritan en el agua, la gente que no hace caso al speaker... al final arrancamos.
Tomo el primer giro bien y empiezo el primero de los tres tramos largos. Justo cuando me permito pensar que estoy tranquilo y en buena línea me aproximo demasiado a otro nadador y su golpe impacta en mis gafas. No las pierdo, sólo se me mueven y me entra agua. El incidente me desestabiliza durante unos minutos, pero al final me acostumbro. El agua tiene cambios de temperatura bruscos que me hacen sentir incómodo. Salvo eso y las "eses" que presiento que voy haciendo, todo va bien. Salgo titubeante del agua, medio mareado, veo pocos, muy pocos nadadores detrás de mí, pero no me preocupa. A por la bici.
Sin duda influido por los duatlones de montaña que he hecho, no hay otra explicación, me he traído los guantes. Intento durante unos segundos ponérmelos, pero entre el cansancio y las manos mojadas no hay manera. En un momento de lucidez decido desistir y los meto en los bolsillos del mono. Problema resuelto. Empiezo a pedalear y nada más llegar al circuito, en una rotonda que se tomaba contrasentido, a punto estoy de ser arrollado por un pelotón que ya lleva una vuelta en bici. Los gritos de guardias de tráfico y organización al final surten efecto y así se salva el incidente.
Me veo bien en la bici. Cuando llevo un rato tomo una decisión que marcaría el desarrollo del segmento para mí: cojo rueda de dos o tres triatletas que me sacan una vuelta de ventaja. Me siento mal chupando rueda, intento dar algún relevo pero no tengo fuerzas para eso. Al final chupo rueda sin más (gracias, dorsal 251). Sé que voy por encima de mis posibilidades, me lo dice el pulsómetro, pero estoy disfrutando y ando convencido de que los 30ºC me van a hundir en la carrera a pie igualmente. Así que… que me quiten lo bailao. Cuando nos doblan los más máquinas tengo que esprintar para que no me deje mi liebre. Llegamos a ir a 34 km/h en tramos con brisa de cara. La leche.
Sólo soy consciente de ver a mi familia dos veces. El ritmo de la bici, el riesgo de una caída en los giros me tiene absorto.
Tuve dos percances. El primero es que de los dos bidones que llevaba, pierdo el primero en las segunda vuelta (creo). El segundo es que en la segunda o tercera vuelta se me desajusta el cambio de piñones y cada tres o cuatro pedaladas aquello salta. Tampoco me agobio en exceso.
Finalmente, mi liebre me deja. Miro el Fore y llevo, unos 27 kms. En ese momento ya empiezo a mosquearme. De alguna forma me doy cuenta de que contar las vueltas en el tramo ciclista no ha sido un propósito en mi cabeza. Para qué, llevo el Fore. No le doy muchas más vueltas y sigo. El drama se acerca.
No sé si por el mareo del agua, el esfuerzo extra o simplemente por falta de mentalización en un momento dado llego a la rotonda en la que casi me atropellan y en la organización dicen: "Derecha olímpicos, izquierda sprint". El fore marca 35 km. Tiro para la izquierda. Ralentizo. ¿Yo he dado ya 4 vueltas? No estoy seguro. Si es que sí, me jode que sean sólo 35 km. Si es que no, me juego una descalificación. Miro la hora: 17:45h. No puede ser que ya haya acabado Resultado: sigo.
Según sigo, cada vez estoy más convencido de que me he colado. Pero ya no hay marcha atrás. A lo hecho pecho. Eso sí, ahora me acuerdo de aquel bidón de líquido perdido. Creo que por ahí me tomo un gel que llevaba.
¿Os ha gustado el incidente? Pues no es lo mejor. Ahora estoy acabando mi quinta vuelta, chupo rueda de una triatleta sprint (en ese momento cuidar mi orgullo era algo que no entraba en mis planes). De pronto, confundido llego a la conclusión de que... ¡ estoy dando la sexta vuelta! Me he pasado la salida del circuito. Seré… ! Ahora sí, doy media vuelta. La organización me avisa, los guardias me avisan, el viento de cara... sigo, sigo y,... me convenzo de que he alucinado. No me la había pasado.
Ese fue el único instante que pensé: al carajo, tiro la bici. Me duró un segundo. Media vuelta. Otra vez en el sentido de la prueba. La sed no era tan mala como el sentimiento de hacer el gilipollas que tenía al ver de nuevo a los guardias y a los voluntarios que me habían prevenido. Cómo todo llega en esta vida, la salida llegó también. El Fore marca 50 km. Si el circuito está bien medido, seguro que he hecho más.
Transición a correr. Tirón en el muslo al ponerme la zapatilla (el único que tuve). Y a trotar.
Maldigo la pérdida del bidón y a la organización por no tener un avituallamiento cerca. El calor es sofocante. El cuerpo no va. Trato de hacer WalkBreaks, me bebo dos vasos de aquarius de golpe. Esto no hay quién lo arregle. Total, no me voy a preocupar ahora por la marca. Me pongo a andar. Sólo a ratos intento correr. Veo a mi familia. Noto a Mª Jesús preocupada: "he tendido un problema con la bici". "¿Has dado una vuelta de más? me pregunta". Le levanto el pulgar y vuelvo a trotar. Más que nada para que se animen. Al poco sigo andando.
En un tramito, el público me anima y se me erizan los pelos. Los triatletas de otras distancias me animan sin cesar. Uno incluso me ofrece comida, una galleta. Todo eso me hace sentir bien. Pero la deshidratación no perdona.
Ya estoy llegando. Puede que sean los peores 10 km en carrera de mi vida, sólo equiparables a los de mi primer maratón. Allí conseguir hacer como que corría en el último km. Aquí no sería menos. Las piernas responden, el organismo es el que no va. Faltan 50 mts y se me pone en paralelo un triatleta de otra distancia. Decido esprintar sólo por si me hacen una foto, al menos que se me vea. Saco fuerzas de flaqueza y cuando veo que empieza a ceder (él también esprinta) veo a mi hijo Dani que corre a mi lado. Me alegro un montón de que esté allí. Le digo "corre, corre" y acelera tanto que casi me cuesta seguirle. Entrar los dos así en la meta, cómo dice Mastercard, no tiene precio.
Ya se lo he dicho a mi mujer: De estas historias, me tomo un año sabático. Palizas sólo en bici y con los amigos.
Mi objetivo este año va a ser otro.
Pues yo un día imaginé, pensé o soñé que podría hacer un triatlón olímpico. Sin embargo, la realidad es caprichosa a la hora de dar vida a nuestros sueños. Vamos, que ni de coña me habría pensado que esto iba a ser así.
En febrero me fui a Sevilla con ganas de quitarme una espinita en la maratón, y todo fue de maravilla. En la llegada me dieron publicidad del primer triatlón olímpico de Sevilla. Me pareció una señal.
Por no aburrir mucho con la previa, digamos que he nadado un día por semana, corrido dos y salido uno en bicicleta desde aquella prueba hasta esta. Nada del otro mundo (aunque para los runners yo siempre estoy sobre entrenado), pero me parecía suficiente para terminar. Mis temores venían sobre todo por el calor y por no haber rodado más que dos veces en bici de carretera este año. Ambas sólo unos días antes de la prueba.
Volviendo a la imaginación, yo gratuitamente, me había imaginado luchando en un bonito sprint por parar el reloj en las 3 horas. Que iluso.
Como no era mi primer triatlón (sino el segundo) y con varios duatlones más de experiencia, todo el tema de mentalización para transiciones y demás creía llevarlo bien en la cabeza. Llevo la cinta del pulsómetro bajo el mono y el Forerunner se queda encendido y con el recorrido arrancado para bici.
Sin mayores historias me veo descalzo, camino de la salida de natación que se haría dentro del agua. Primer despiste, llevo puesto el dorsal con la gomita que me acabo de probar para ver si entra bien por la cabeza. No pasa nada vuelvo, lo dejo y confirmo la referencia para encontrar la bici, aunque ya sé que habrá poquitas cuando salga.
La salida fue un pequeño carajal. Un pelotón de escapados que se puso a nadar antes de tiempo. Los hacen volver, algunos tiritan en el agua, la gente que no hace caso al speaker... al final arrancamos.
Tomo el primer giro bien y empiezo el primero de los tres tramos largos. Justo cuando me permito pensar que estoy tranquilo y en buena línea me aproximo demasiado a otro nadador y su golpe impacta en mis gafas. No las pierdo, sólo se me mueven y me entra agua. El incidente me desestabiliza durante unos minutos, pero al final me acostumbro. El agua tiene cambios de temperatura bruscos que me hacen sentir incómodo. Salvo eso y las "eses" que presiento que voy haciendo, todo va bien. Salgo titubeante del agua, medio mareado, veo pocos, muy pocos nadadores detrás de mí, pero no me preocupa. A por la bici.
Sin duda influido por los duatlones de montaña que he hecho, no hay otra explicación, me he traído los guantes. Intento durante unos segundos ponérmelos, pero entre el cansancio y las manos mojadas no hay manera. En un momento de lucidez decido desistir y los meto en los bolsillos del mono. Problema resuelto. Empiezo a pedalear y nada más llegar al circuito, en una rotonda que se tomaba contrasentido, a punto estoy de ser arrollado por un pelotón que ya lleva una vuelta en bici. Los gritos de guardias de tráfico y organización al final surten efecto y así se salva el incidente.
Me veo bien en la bici. Cuando llevo un rato tomo una decisión que marcaría el desarrollo del segmento para mí: cojo rueda de dos o tres triatletas que me sacan una vuelta de ventaja. Me siento mal chupando rueda, intento dar algún relevo pero no tengo fuerzas para eso. Al final chupo rueda sin más (gracias, dorsal 251). Sé que voy por encima de mis posibilidades, me lo dice el pulsómetro, pero estoy disfrutando y ando convencido de que los 30ºC me van a hundir en la carrera a pie igualmente. Así que… que me quiten lo bailao. Cuando nos doblan los más máquinas tengo que esprintar para que no me deje mi liebre. Llegamos a ir a 34 km/h en tramos con brisa de cara. La leche.
Sólo soy consciente de ver a mi familia dos veces. El ritmo de la bici, el riesgo de una caída en los giros me tiene absorto.
Tuve dos percances. El primero es que de los dos bidones que llevaba, pierdo el primero en las segunda vuelta (creo). El segundo es que en la segunda o tercera vuelta se me desajusta el cambio de piñones y cada tres o cuatro pedaladas aquello salta. Tampoco me agobio en exceso.
Finalmente, mi liebre me deja. Miro el Fore y llevo, unos 27 kms. En ese momento ya empiezo a mosquearme. De alguna forma me doy cuenta de que contar las vueltas en el tramo ciclista no ha sido un propósito en mi cabeza. Para qué, llevo el Fore. No le doy muchas más vueltas y sigo. El drama se acerca.
No sé si por el mareo del agua, el esfuerzo extra o simplemente por falta de mentalización en un momento dado llego a la rotonda en la que casi me atropellan y en la organización dicen: "Derecha olímpicos, izquierda sprint". El fore marca 35 km. Tiro para la izquierda. Ralentizo. ¿Yo he dado ya 4 vueltas? No estoy seguro. Si es que sí, me jode que sean sólo 35 km. Si es que no, me juego una descalificación. Miro la hora: 17:45h. No puede ser que ya haya acabado Resultado: sigo.
Según sigo, cada vez estoy más convencido de que me he colado. Pero ya no hay marcha atrás. A lo hecho pecho. Eso sí, ahora me acuerdo de aquel bidón de líquido perdido. Creo que por ahí me tomo un gel que llevaba.
¿Os ha gustado el incidente? Pues no es lo mejor. Ahora estoy acabando mi quinta vuelta, chupo rueda de una triatleta sprint (en ese momento cuidar mi orgullo era algo que no entraba en mis planes). De pronto, confundido llego a la conclusión de que... ¡ estoy dando la sexta vuelta! Me he pasado la salida del circuito. Seré… ! Ahora sí, doy media vuelta. La organización me avisa, los guardias me avisan, el viento de cara... sigo, sigo y,... me convenzo de que he alucinado. No me la había pasado.
Ese fue el único instante que pensé: al carajo, tiro la bici. Me duró un segundo. Media vuelta. Otra vez en el sentido de la prueba. La sed no era tan mala como el sentimiento de hacer el gilipollas que tenía al ver de nuevo a los guardias y a los voluntarios que me habían prevenido. Cómo todo llega en esta vida, la salida llegó también. El Fore marca 50 km. Si el circuito está bien medido, seguro que he hecho más.
Transición a correr. Tirón en el muslo al ponerme la zapatilla (el único que tuve). Y a trotar.
Maldigo la pérdida del bidón y a la organización por no tener un avituallamiento cerca. El calor es sofocante. El cuerpo no va. Trato de hacer WalkBreaks, me bebo dos vasos de aquarius de golpe. Esto no hay quién lo arregle. Total, no me voy a preocupar ahora por la marca. Me pongo a andar. Sólo a ratos intento correr. Veo a mi familia. Noto a Mª Jesús preocupada: "he tendido un problema con la bici". "¿Has dado una vuelta de más? me pregunta". Le levanto el pulgar y vuelvo a trotar. Más que nada para que se animen. Al poco sigo andando.
En un tramito, el público me anima y se me erizan los pelos. Los triatletas de otras distancias me animan sin cesar. Uno incluso me ofrece comida, una galleta. Todo eso me hace sentir bien. Pero la deshidratación no perdona.
Ya estoy llegando. Puede que sean los peores 10 km en carrera de mi vida, sólo equiparables a los de mi primer maratón. Allí conseguir hacer como que corría en el último km. Aquí no sería menos. Las piernas responden, el organismo es el que no va. Faltan 50 mts y se me pone en paralelo un triatleta de otra distancia. Decido esprintar sólo por si me hacen una foto, al menos que se me vea. Saco fuerzas de flaqueza y cuando veo que empieza a ceder (él también esprinta) veo a mi hijo Dani que corre a mi lado. Me alegro un montón de que esté allí. Le digo "corre, corre" y acelera tanto que casi me cuesta seguirle. Entrar los dos así en la meta, cómo dice Mastercard, no tiene precio.
Ya se lo he dicho a mi mujer: De estas historias, me tomo un año sabático. Palizas sólo en bici y con los amigos.
Mi objetivo este año va a ser otro.
domingo, 8 de junio de 2008
Ahora sí soy un triatleta
Triatlón Villa de Madrid 2008
¡Por fin! Se cumplió el tópico. A la tercera fue la vencida. Éste es el tercer año que me proponía hacer un triatlón y al final ha caído. Ha sido la distancia sprint y no la olímpica como me hubiese gustado. Pero ahora mismo me alegro de que haya sido así.
Esto de la triatlón es realmente complicado. Complicado es hacerse con el equipamiento para asegurarse el éxito. En mi caso ha sido: un traje de neopreno de segunda mano, la vieja bicicleta de carretera de mi hermano, el rodillo que me ha permitido estar en forma en el mes de mayo más lluvioso de los ¿últimos 60 años? (eso dicen los meteorólogos), también de segunda mano y finalmente el mono comprado unos días antes.
Pero complicado es, en el debut, tener todo claro y probado. Muy instructivas han sido las duatlones previas, sobre todo la de la casa de campo que me ha permitido conocer el circuito. Eso ya da mucho en las transiciones, pero crucial ha sido también la experiencia de Semana Santa del 2007 con el neopreno en el Mar Menor. Allí salí del agua más mareado que un pato. Tomé nota.
Vamos a lo que nos ocupa. El entrenamiento estaba hecho suficientemente bien como para tener confianza en mi objetivo: acabar y, si es posible, no ser el último. El viernes me doy un rulo con la bici para probarla y no estrenar en carrera el recién adquirido maillot de triatlón. A unos 1,5 kms de casa oigo... ¡un disparo! No, era mi rueda trasera que acababa de reventar. Ahora que me fijo bien en la susodicha cubierta y no estaba pasada, no, sino hasta quebradiza como una astilla. En fin. Voy a la tienda, compro otra, la monto, aprieto radios, ajusto el cambio. A ver si aguanta.
Día D, finalmente a las 9:35 es mi hora de salir. Llego bien al parking, sobre las 8:35, recojo el dorsal y con media hora de margen me voy hacia los boxes. ¡Mierda!. Al llegar veo que me he olvidado no sé donde el DNI. Dejo la bolsa con todo por allí tirada y vuelvo al coche en bici. Al salir del parking Carlos me grita. Ya tengo compañía.
Hago un inciso: mi mujer, que nunca falla en esto de mis carreras está de 38 semanas en casa con Daniel que tiene una exhibición de "hockey" sobre patines. En cualquier caso ella no estaba en condiciones de venir, pero me acompañó en todo momento, lo sé.
Vamos que ya voy justo. Paso a boxes y no sé como veo que ¡la cámara asoma entre la cubierta y la llanta! Qué desastre. La verdad es que esto podría haber sido "reventón II" en sus pantallas. Menos mal que a última hora he metido la bomba en la bolsa de deporte.

Desinflo, inflo y OK.
¡Por fin! Se cumplió el tópico. A la tercera fue la vencida. Éste es el tercer año que me proponía hacer un triatlón y al final ha caído. Ha sido la distancia sprint y no la olímpica como me hubiese gustado. Pero ahora mismo me alegro de que haya sido así.
Esto de la triatlón es realmente complicado. Complicado es hacerse con el equipamiento para asegurarse el éxito. En mi caso ha sido: un traje de neopreno de segunda mano, la vieja bicicleta de carretera de mi hermano, el rodillo que me ha permitido estar en forma en el mes de mayo más lluvioso de los ¿últimos 60 años? (eso dicen los meteorólogos), también de segunda mano y finalmente el mono comprado unos días antes.
Pero complicado es, en el debut, tener todo claro y probado. Muy instructivas han sido las duatlones previas, sobre todo la de la casa de campo que me ha permitido conocer el circuito. Eso ya da mucho en las transiciones, pero crucial ha sido también la experiencia de Semana Santa del 2007 con el neopreno en el Mar Menor. Allí salí del agua más mareado que un pato. Tomé nota.
Vamos a lo que nos ocupa. El entrenamiento estaba hecho suficientemente bien como para tener confianza en mi objetivo: acabar y, si es posible, no ser el último. El viernes me doy un rulo con la bici para probarla y no estrenar en carrera el recién adquirido maillot de triatlón. A unos 1,5 kms de casa oigo... ¡un disparo! No, era mi rueda trasera que acababa de reventar. Ahora que me fijo bien en la susodicha cubierta y no estaba pasada, no, sino hasta quebradiza como una astilla. En fin. Voy a la tienda, compro otra, la monto, aprieto radios, ajusto el cambio. A ver si aguanta.
Día D, finalmente a las 9:35 es mi hora de salir. Llego bien al parking, sobre las 8:35, recojo el dorsal y con media hora de margen me voy hacia los boxes. ¡Mierda!. Al llegar veo que me he olvidado no sé donde el DNI. Dejo la bolsa con todo por allí tirada y vuelvo al coche en bici. Al salir del parking Carlos me grita. Ya tengo compañía.
Hago un inciso: mi mujer, que nunca falla en esto de mis carreras está de 38 semanas en casa con Daniel que tiene una exhibición de "hockey" sobre patines. En cualquier caso ella no estaba en condiciones de venir, pero me acompañó en todo momento, lo sé.
Vamos que ya voy justo. Paso a boxes y no sé como veo que ¡la cámara asoma entre la cubierta y la llanta! Qué desastre. La verdad es que esto podría haber sido "reventón II" en sus pantallas. Menos mal que a última hora he metido la bomba en la bolsa de deporte.

Desinflo, inflo y OK.
Está todo el mundo en fila con sus gorritos, sus neoprenos. Vamos, vamos,...
Coloco todo, me pongo el neopreno, me lo abrocha Carlos y a la fila.
En estas llega Fran, luego David. Me dicen de todo, les saludo, pero yo estoy a lo mío.
Aprovecho los pocos minutos de espera (otra serie que sale a las 9:30) para ¡relajarme! El mundo al revés. A todo esto lo de calentar simplemente ni me lo he planteado.
¡A disposición del juez! y venga. Espero dos segundos para no empezar a chocarme con la gente y al agua. No noto nada especial sobre la temperatura del agua. Fenomenal. Lo que sí noto es que no se ve nada. Pero ni tu mano. Sensación muy extraña. Busco referencias laterales para orientarme y evitar el gesto no entrenado de mirar al frente que tanto me hace perder el ritmo: busco el sol, otros nadadores... Sin problemas llego a la primera boya, con sólo alguna brazada buscando algo de aire y orientación y hacia la segunda. Empieza el tráfico. Me rozan, rozo, me aparto, que no me importan unos metros de más si evito golpes, y ¡pum! algo me da en la cabeza. Es la segunda boya. Un diez en orientación. A por el final. Aquí si que me entero de lo que vale un peine. Parece que huimos de un incendio por la puerta de emergencia. Me dan, doy, ¿no se acaba esto ya? y llego a la rampa.
Inciso: De mi mala experiencia previa con el neopreno en aguas abiertas, de la que salí muy tocado, me ha hecho previsor. Llevo en el cuerpo una biodramina para evitar un posible mareo. De pequeñito me mareaba en coche...
Aún así, me tambaleo un poco en la plataforma flotante, pero nada grave. El velcro sale bien y la cremallera también.
Me cuesta un poco sacar el primer hombro pero nada grave. Los 3 animadores hacen bien su trabajo. Al quitarme la segunda pierna del neopreno la cago. Le hago un 7. Juro en arameo, pero sigo. Por cierto, creo que es un acierto perder unos pocos segundos poniéndome los calcetines.
Salgo con la bici y tengo el último percance de la carrera. Se me sale la cadena al bajar de plato. Afortunadamente entra sin necesidad de parar. Voy regulando, pero a buen ritmo. Hace mucho viento, más desagradable que problemático.
Las dos primeras vueltas las hago solo y en las dos últimas encuentro colaboración. No hay color. Que bonito es ir dándose relevos con otro.
Suelto la bici y meto las zapatillas con el calzador (otro acierto) y voy tranquilo. A partir de aquí y hasta el final Fran no deja de darme ánimos que se agradecen mucho. En la segunda vuelta noto algo de flato. Me pasan dos triatletas. Decido no cebarme. En la última bajada aumento el ritmo. Carlos y David me dan los últimos gritos. Me veo con fuerza y esprinto. Paso fácil al primero de los triatletas. El otro me ve y contra esprinta. Demasiado tarde, yo iba sin frenos. Le saco tres metros. Muy agradable esto de ir de menos a más.

He deseado tanto este día que no tengo claras las sensaciones. Es una mezcla de liberación y satisfacción. La verdad es que sí, estoy satisfecho.
Os lo recomiendo.
PD: De parte de mi mujer, muchas gracias a los que me habéis animado en directo. Yo ya las he dado, pero las repito: gracias. Esto no es lo mismo si no se puede compartir con alguien que lo aprecie.
Coloco todo, me pongo el neopreno, me lo abrocha Carlos y a la fila.
En estas llega Fran, luego David. Me dicen de todo, les saludo, pero yo estoy a lo mío.
Aprovecho los pocos minutos de espera (otra serie que sale a las 9:30) para ¡relajarme! El mundo al revés. A todo esto lo de calentar simplemente ni me lo he planteado.
¡A disposición del juez! y venga. Espero dos segundos para no empezar a chocarme con la gente y al agua. No noto nada especial sobre la temperatura del agua. Fenomenal. Lo que sí noto es que no se ve nada. Pero ni tu mano. Sensación muy extraña. Busco referencias laterales para orientarme y evitar el gesto no entrenado de mirar al frente que tanto me hace perder el ritmo: busco el sol, otros nadadores... Sin problemas llego a la primera boya, con sólo alguna brazada buscando algo de aire y orientación y hacia la segunda. Empieza el tráfico. Me rozan, rozo, me aparto, que no me importan unos metros de más si evito golpes, y ¡pum! algo me da en la cabeza. Es la segunda boya. Un diez en orientación. A por el final. Aquí si que me entero de lo que vale un peine. Parece que huimos de un incendio por la puerta de emergencia. Me dan, doy, ¿no se acaba esto ya? y llego a la rampa.Inciso: De mi mala experiencia previa con el neopreno en aguas abiertas, de la que salí muy tocado, me ha hecho previsor. Llevo en el cuerpo una biodramina para evitar un posible mareo. De pequeñito me mareaba en coche...
Aún así, me tambaleo un poco en la plataforma flotante, pero nada grave. El velcro sale bien y la cremallera también.
Me cuesta un poco sacar el primer hombro pero nada grave. Los 3 animadores hacen bien su trabajo. Al quitarme la segunda pierna del neopreno la cago. Le hago un 7. Juro en arameo, pero sigo. Por cierto, creo que es un acierto perder unos pocos segundos poniéndome los calcetines.
Salgo con la bici y tengo el último percance de la carrera. Se me sale la cadena al bajar de plato. Afortunadamente entra sin necesidad de parar. Voy regulando, pero a buen ritmo. Hace mucho viento, más desagradable que problemático.
Las dos primeras vueltas las hago solo y en las dos últimas encuentro colaboración. No hay color. Que bonito es ir dándose relevos con otro.
Suelto la bici y meto las zapatillas con el calzador (otro acierto) y voy tranquilo. A partir de aquí y hasta el final Fran no deja de darme ánimos que se agradecen mucho. En la segunda vuelta noto algo de flato. Me pasan dos triatletas. Decido no cebarme. En la última bajada aumento el ritmo. Carlos y David me dan los últimos gritos. Me veo con fuerza y esprinto. Paso fácil al primero de los triatletas. El otro me ve y contra esprinta. Demasiado tarde, yo iba sin frenos. Le saco tres metros. Muy agradable esto de ir de menos a más.

He deseado tanto este día que no tengo claras las sensaciones. Es una mezcla de liberación y satisfacción. La verdad es que sí, estoy satisfecho.
Os lo recomiendo.
PD: De parte de mi mujer, muchas gracias a los que me habéis animado en directo. Yo ya las he dado, pero las repito: gracias. Esto no es lo mismo si no se puede compartir con alguien que lo aprecie.
domingo, 9 de marzo de 2008
Duatlón Villa de Madrid 2008
Doble estreno.
Por un lado, la primera prueba que hago con bici de carretera, con la increíble preparación de tres salidas y algunos ratos de rodillo.
Por el otro, carrera “sólo para federados”.
Llego bien, con tiempo y con la familia. Primera impresión, buen rollo: “Parking Duatlón”, en plena casa de campo. Antes de bajar la bici miro a mi alrededor y le susurro a mi mujer “me da vergüenza bajar la bici”. Era sólo relativamente cierto, pero algo había.
Y es que tenía la sensación de haber ido a una fiesta con pantalones de pinzas y camisa de arreglar y allí todo el mundo de smoking. Vamos, de pegote. Eso no me desanima, pues ya sé a qué vengo.
Llegados a este punto os cuento que la bici en cuestión cuenta con 15 años, un trucaje de última hora para no morirme en las cuestas (es que iba con desarrollo mínimo de 42x23, para los entendidos. Ahora es 42x28, y me falta), cambios en el cuadro a la antigua usanza y, lo mejor de todo, 12 kilitos del ala.
Llegando a boxes veo a uno con bici de montaña y ruedas de carretera. No me consuela, seguro que lleva menos kilos que yo.
Organización impecable, piernas depiladas, fila india para el recuento de salida y allá vamos:
Como siempre, salgo mal. Demasiado rápido. La idea era ir a 4:45, cómodo para no gastar fuerzas en el primer segmento. El primer km es ligera cuesta arriba y lo hago a 4:33, repito en el segundo y luego ya me voy a 4:50 y algo. Más vale tarde que nunca.
Estoy a punto de pasar a un tipo con perilla, pero me obligo a no hacerlo. Buena decisión, porque luego se me va, para a mear, le paso, me vuelve a adelantar y le pierdo. Gente con experiencia, de menos a más.

Solo cómo la una.
Acaba la carrera. De bicis, pocas. Ni si quiera el de la mtb, que la tenía a mi lado. Hago la transición normal, sin problemas. Y vamos a por la cuesta del telégrafo (se sube en el primer camino asfaltado nada más dejar el lago en esa dirección) que subiremos 4 veces. Intento ir tranquilo. No me cuesta mucho adaptar las piernas, pero lo de las pulsaciones es otra cosa. En estas que voy subiendo tranquilamente y veo unas motos con pedales a mi lado. Son la cabeza de carrera. Qué triste. Yo a lo mío, que sé a qué he venido.
Veo con regocijo que sí soy capaz de bajar con los que me van doblando, en la parte de más pendiente y con curvas. Es lo único que se me da bien. “A ver si me apunto a una carrera de sólo bajada”, pienso.
Lo peor de ser un friki en una carrera de estas es que vas todo el tiempo sólo. Y no es por lo de perderme el drafting (chupar rueda) que a aquí se podía, sino por lo de la compañía en el esfuerzo. Parecía que estaba en una contrareloj de esas que salen cada 3 minutos. En la tercera subida, no puedo, estoy clavado. Mal vamos. Miro mis piñones y me queda uno por meter. Menos mal. Me anímo.
Al rato me doy cuenta de que tengo cargada la nuca. Eso demuestra que no voy preparado para mantener la posición en bici de carretera. Hago unos estiramientos y me olvido, pero tomo nota.
En la última subida se me pone una moto detrás (con motor). Ya está, voy el último. No pasa nada. Ultima recta en falso llano de bajada a 35 km/h y un chavalín en mtb que me pasa. No sabe que me es inverosímil.

La mujer (embarazada de casi 6 meses) y el niño, todo el rato animando, son lo mejor. Voy a dejar la bici y me paso. Alguien ha dejado su bici en mi sitio. No hay problema porque cabe bien. Me meto las zapatillas con calzador (gran idea) y me acojono por que en el gesto me amaga un tirón en un gemelo, pero no. Empiezo a trotar. De correr de momento ni me lo planteo.
Cuando llevo unos metros oigo al de megafonía que llegan los últimos a dejar las bicis. Coño, sino soy el último. Eso me da ánimos. Llevo el pecho a reventar y las piernas de palo, pero queda poco. A 1 km y algo, se me acerca uno. Ya está, el último que me pasa. Le dejo ir, no puedo subir el ritmo. Ultimo giro de 180º y hacia meta veo otro duatleta. Veterano, veterano. Ya no soy el último, pero no me mola. Me emborrico en coger al que me acababa de pasar. Le recorto terreno. Le “marco” y en la recta de meta le paso, y le saco unos metros con facilidad y mucho sufrimiento.
En estas que Daniel, mi niño, viene corriendo hacia mí para entrar conmigo en meta. Pero está lejos. Le digo que se de la vuelta (veo que el otro me adelantará). Dudo un segundo, pero sólo uno, y elijo entrar con mi hijo antes que mejorar un puesto que no me lleva a ningún lado.
Ante mi sorpresa, el tipo no me adelanta. Se lo agradezco, me parece un gran gesto.

Gracias otra vez, Rafa Becerro.
Mi objetivo, sobre 1h 30’. Al final 1h 28’ 19” y entrando con el mico en meta. ¿Qué más se puede pedir?
Se lo dedico a la infatigable supporter, a la sazón mi mujer, Mª Jesús.
PD: Durante mucho rato, iba acordándome del blog, de qué escribiría. La verdad es que me vino bien, porque cualquier cosa que te saque del sufrimiento te ayuda.
Por un lado, la primera prueba que hago con bici de carretera, con la increíble preparación de tres salidas y algunos ratos de rodillo.
Por el otro, carrera “sólo para federados”.
Llego bien, con tiempo y con la familia. Primera impresión, buen rollo: “Parking Duatlón”, en plena casa de campo. Antes de bajar la bici miro a mi alrededor y le susurro a mi mujer “me da vergüenza bajar la bici”. Era sólo relativamente cierto, pero algo había.
Y es que tenía la sensación de haber ido a una fiesta con pantalones de pinzas y camisa de arreglar y allí todo el mundo de smoking. Vamos, de pegote. Eso no me desanima, pues ya sé a qué vengo.
Llegados a este punto os cuento que la bici en cuestión cuenta con 15 años, un trucaje de última hora para no morirme en las cuestas (es que iba con desarrollo mínimo de 42x23, para los entendidos. Ahora es 42x28, y me falta), cambios en el cuadro a la antigua usanza y, lo mejor de todo, 12 kilitos del ala.
Llegando a boxes veo a uno con bici de montaña y ruedas de carretera. No me consuela, seguro que lleva menos kilos que yo.
Organización impecable, piernas depiladas, fila india para el recuento de salida y allá vamos:
Como siempre, salgo mal. Demasiado rápido. La idea era ir a 4:45, cómodo para no gastar fuerzas en el primer segmento. El primer km es ligera cuesta arriba y lo hago a 4:33, repito en el segundo y luego ya me voy a 4:50 y algo. Más vale tarde que nunca.
Estoy a punto de pasar a un tipo con perilla, pero me obligo a no hacerlo. Buena decisión, porque luego se me va, para a mear, le paso, me vuelve a adelantar y le pierdo. Gente con experiencia, de menos a más.
Solo cómo la una.
Acaba la carrera. De bicis, pocas. Ni si quiera el de la mtb, que la tenía a mi lado. Hago la transición normal, sin problemas. Y vamos a por la cuesta del telégrafo (se sube en el primer camino asfaltado nada más dejar el lago en esa dirección) que subiremos 4 veces. Intento ir tranquilo. No me cuesta mucho adaptar las piernas, pero lo de las pulsaciones es otra cosa. En estas que voy subiendo tranquilamente y veo unas motos con pedales a mi lado. Son la cabeza de carrera. Qué triste. Yo a lo mío, que sé a qué he venido.
Veo con regocijo que sí soy capaz de bajar con los que me van doblando, en la parte de más pendiente y con curvas. Es lo único que se me da bien. “A ver si me apunto a una carrera de sólo bajada”, pienso.
Lo peor de ser un friki en una carrera de estas es que vas todo el tiempo sólo. Y no es por lo de perderme el drafting (chupar rueda) que a aquí se podía, sino por lo de la compañía en el esfuerzo. Parecía que estaba en una contrareloj de esas que salen cada 3 minutos. En la tercera subida, no puedo, estoy clavado. Mal vamos. Miro mis piñones y me queda uno por meter. Menos mal. Me anímo.
Al rato me doy cuenta de que tengo cargada la nuca. Eso demuestra que no voy preparado para mantener la posición en bici de carretera. Hago unos estiramientos y me olvido, pero tomo nota.
En la última subida se me pone una moto detrás (con motor). Ya está, voy el último. No pasa nada. Ultima recta en falso llano de bajada a 35 km/h y un chavalín en mtb que me pasa. No sabe que me es inverosímil.
La mujer (embarazada de casi 6 meses) y el niño, todo el rato animando, son lo mejor. Voy a dejar la bici y me paso. Alguien ha dejado su bici en mi sitio. No hay problema porque cabe bien. Me meto las zapatillas con calzador (gran idea) y me acojono por que en el gesto me amaga un tirón en un gemelo, pero no. Empiezo a trotar. De correr de momento ni me lo planteo.
Cuando llevo unos metros oigo al de megafonía que llegan los últimos a dejar las bicis. Coño, sino soy el último. Eso me da ánimos. Llevo el pecho a reventar y las piernas de palo, pero queda poco. A 1 km y algo, se me acerca uno. Ya está, el último que me pasa. Le dejo ir, no puedo subir el ritmo. Ultimo giro de 180º y hacia meta veo otro duatleta. Veterano, veterano. Ya no soy el último, pero no me mola. Me emborrico en coger al que me acababa de pasar. Le recorto terreno. Le “marco” y en la recta de meta le paso, y le saco unos metros con facilidad y mucho sufrimiento.
En estas que Daniel, mi niño, viene corriendo hacia mí para entrar conmigo en meta. Pero está lejos. Le digo que se de la vuelta (veo que el otro me adelantará). Dudo un segundo, pero sólo uno, y elijo entrar con mi hijo antes que mejorar un puesto que no me lleva a ningún lado.
Ante mi sorpresa, el tipo no me adelanta. Se lo agradezco, me parece un gran gesto.
Gracias otra vez, Rafa Becerro.
Mi objetivo, sobre 1h 30’. Al final 1h 28’ 19” y entrando con el mico en meta. ¿Qué más se puede pedir?
Se lo dedico a la infatigable supporter, a la sazón mi mujer, Mª Jesús.
PD: Durante mucho rato, iba acordándome del blog, de qué escribiría. La verdad es que me vino bien, porque cualquier cosa que te saque del sufrimiento te ayuda.
viernes, 7 de diciembre de 2007
Tú puedes
Acabo de encontrar una versión extendida, con entrevista incluida de un vídeo que nos ha emocionado a muchos, ala a disfrutarlo:
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