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sábado, 14 de marzo de 2015

Crónica Maratón de Sevilla 2015 (La última misión del capitán Spock)


Fecha estelar -307856.56, ya estoy dentro del huésped, es momento de explicar como he llegado aquí, por si algo sale mal.

En otra misión de la nave interestelar "Entreprise" 
de exploración del universo profundo, el capitán Kirk me ha pedido liderar el proceso de investigación, si bien esta misión tiene algo nuevo, estamos probando una forma de contactar con los habitantes de un planeta fuera de la federación, sin ser detectados pero pudiendo vivir y sentir su realidad. El proceso ha sido denominado por el doctor McCoy como transmentalización y sólo un vulcano esta preparado para ello.

El proceso consiste en la sincronización de las neuronas del investigador con las del huésped elegido, no hay ningún peligro físico pero solo un vulcano puede soportar el hecho de vivir en la mente de otro ser, teniendo incluso capacidad motora pero sabiendo que no es posible intervenir bajo ninguna circunstancia.



Solo existe el peligro de que durante el proceso el huésped sufra un accidente y no se pueda revertir, por esa razón se ha elegido un huésped tipo, de edad media y buena salud. Además el experimento tendrá lugar durante una prueba que los habitantes del planeta consideran un reto físico y mental, por lo que tendré la oportunidad de entender un poco más a esta especie.

Pensar y recibir los pensamientos de otro ser a la vez de los míos, es más costoso de lo esperado, voy a callar mi mente y a dejar que el huésped hable.







Despropósito tras despropósito he llegado aquí, los planes no se han seguido, estoy rodeado de corredores pero estoy solo, y ese no era el plan, al menos no era mi plan.
Estoy en una calle ancha de tres carriles en cada sentido dispuesto a correr una maratón, la maratón de Sevilla. Realmente no soy consciente ya que casi siempre corro en Madrid, en mi Madrid.
El objetivo, al contrario que el anterior maratón es sufrir, no me siento capaz de cumplir mi objetivo, 5:10 el kilómetro durante 42 para alcanzar 3:38, que resulta de mutiplicar por 2,2 mi mmp en la media maraton de Getafe de este mismo año.
He entrenado a ritmos por encima de 5:45, me duele el pie derecho y no siento la cabeza preparada para el reto mental que un maratón supone, sólo me queda eso, sólo me queda sufrir.
Comienza la carrera, parece que salimos cuesta abajo, desde luego seguimos el curso del Guadalquivir en su destino al océano, enseguida y de manera milagrosa obtengo mi ritmo pensado, es cierto que voy pendiente del gps pero no me cuesta seguir el ritmo, el primer objetivo seria pasar la media en 1:39 con muy buenas sensaciones. Mientras me sumo en mi soledad me sorprendo al ser abrazado por un runner, es Davide ¿Como puede ser si han salido en cajones delante de mi? Me explica que no han podido colocarse que han salido atrás,  "y Pablo?" - pregunto - "Va ahí delante concentrado". Ni le veo, me despido de David sabiendo que ya no volveré a verles hasta la meta, van mas rápido y han hecho los deberes.
La  carrera cruza el río, pasa por la torre del oro y se acerca al km6 donde me espera la familia y el resto de la compañía,  los busco en la derecha donde hemos quedado durante cientos de metros, esto me sirve para olvidarme del dolor del pie que estoy sufriendo desde la salida.
No voy bien pero no voy mal, realmente es la cabeza la que va mal quería ir en torno a 160 pulsaciones y voy por encima de 165, incluso veo 170 en algún momento en los primeros km.
Paso el km 6 y saludo feliz y sonriente y vuelvo sumirme en mi carrera, hasta el 16 no tengo que volver a sonreír. Me meo todo, pero me aguanto, pero me sigo meando. Sigo a ritmo e intento acoplarme detrás de cualquiera que vaya a mi ritmo.

Se acerca el km 10 llevo un gel en la mano desde la salida lo abro y lo devoro acompañado de sorbos de agua.
No se donde estoy, el sol me molesta y me deja de molestar según giramos por calles desconocidas y la orientación cambia. Estoy completamente desorientado algo que no me pasa nunca, descubrir que no se a donde voy se convierte en una agradable sensación, los km pasan a ritmo.

Llega el 16 vuelvo a sonreír, choco manos y dejo de sonreír, hay que seguir corriendo hasta el 31 no volveré a ver a la familia y ahí ya debería saber de que va esto.


Llego al 20 y saco el segundo gel ya me he dado cuenta que los avituallamientos líquidos no están donde deben pero avisan con un cartel cientos de metros antes y hay muchos voluntarios y mesas, lo peor es que dan el agua en vasos, preparo el gel y cojo el agua, me atraganto al tragar del vaso corriendo, no es nada cómodo beber agua en vaso mientras corres, toca toser y toso sin parar de correr. No sabría decir si esto ocurre antes o después de pasar la media.
Las pulsaciones siguen desbocadas por encima de 165 pero estables, se que soy capaz de correr una media por encima de 170 pero no se mas allá.  Paso la media en tiempo objetivo con buenas sensaciones rodeado de buenos corredores y animado por las palmas de los sevillanos, que alegría.

La carrera continua por lugares desconocidos y voy marcando ritmos ideales, la media por kilómetro me dice que voy a 5:07 mejor imposible, me sorprendo corriendo a ritmos que considero rápidos con sensaciones de paseo dominguero, en el fondo no me estoy esforzando - pienso -, aunque mi corazón no dice eso. Los kilómetros pasan rápidos y eso es bueno, no miro apenas el reloj, voy muy concentrado. Me despisto observando a la gente animando, se notan las caras de preocupación en los familiares buscando a sus corredores, los gritos de ánimo, las canciones y las palmas hacen que me emocione, que bonito es correr una maratón, que bonito es correrlo en Sevilla, no puedo permitirme el lujo de emocionarme, afecta a mi rendimiento vuelvo mi cabeza a lo que estoy haciendo y me concentro.


Llega el 30 donde hay que tomarse otro gel y el 31 donde vuelve a esperar la familia, tengo que sonreír, me viene bien para la moral chocar manos con mis niños, los siguientes km se me hacen largos, en el 33 me vuelve a esperar la familia y el miedo empieza a hace mella, quiero que llegue el 33 y saber que ya no tengo que preocuparme por sonreír, así ocurre paso el 33 y algo empieza a cambiar en mi cuerpo. Es poco a poco, tan despacio que no me doy cuenta, entramos en el parque de María Luisa y parece otra carrera. Veo el km 35 miro el reloj 3 horas justas que era lo planeado no puedo evitar gritar: "Soy una puta máquina" y comienza el declive.

Llegamos a plaza España y no lo paso tan mal como me habían contando, no hay nada como esperar un infierno y sentirte en el olimpo, corriendo por un estrecho camino que hacen los que te animan al rodear la plaza. En mi felicidad ingenua oigo detrás de mí "Navamorcuende" y sonrío, no supe quien era hasta que Carlos me mando esta foto, gracias por los ánimos.


























Salimos del parque y nos dirigimos al centro de la ciudad, creo que voy mirando el reloj cada 100 metros porque a penas avanza, me doy cuenta que los corredores que me rodean han dejado de correr y mueven sus piernas como palos, yo estoy igual acaba de llegar nuestro amigo el hombre del mazo, o en mi caso creo que uno más pequeño el duende del mazo se ha metido en mis piernas y no me deja correr como hasta ahora. Algunos corredores se paran a andar, otros caen al suelo fulminados por un calambre y son ayudados inmediatamente por algún voluntario que intenta estirar el músculo afectado y minimizar el tremendo dolor. Un corredor es sujetado por un policía mientras anda y se niega a parar, le miro a la cara y está completamente ido, yo sigo corriendo, km 36, km37, km 38 que despacio va esto, pico estos km por encima de 5:15 y veo las pulsaciones en casi 180, no encuentro ningún motivo para acelerar.


Pero veo a Joanna. A 5 metros delante de mí una corredora portuguesa es animada por las gentes, sólo está a 5 metros, y puedo cogerla, la cojo corro con ella un par de km y luego la dejo - pienso, pero no me doy cuenta que la carrera ahora pica para arriba y Joanna se me va, cualquier excusa es buena para motivarse pero Joanna no me ayuda.

km 39, que despacio va ahora el tiempo, salimos del centro de Sevilla y nos dirigimos al estadio olímpico, volvemos a cruzar el Guadalquivir, paso el km 40 esto ya esta hecho, entonces al entrar en la última rotonda veo a Pablo sujetado por un policía mientras se agarra los isquios y su cara de dolor demuestra que esta vez si se ha esforzado. Le grito "malditos calambres" y mientras caigo en la cuenta de que puedo ser medalla de bronce y no acabar el último del grupo, sólo puedo pensar que tengo que encontrar a la mujer de Pablo y decirla que está bien, que sólo son calambres y que ahora viene, gracias a este pensamiento me paso los dos últimos km de carrera sólo pensando en eso y buscando la cara de María Jesús, voy por la derecha pero creo que en la entrada al estadio iban a estar a la izquierda, efectivamente ella me ve y me grita algo y yo le digo "Está bien, Pablo está bien, sólo son calambres ahora viene".


Y entro en el túnel de entrada al estadio, no me he dado cuenta pero esto se ha acabado, sin embargo queda lo mejor, el túnel da paso al estadio.


Caaaaaaanooo - me grita Carlos - y Pablo?,  "Atrás, ahora viene ha parado por calambres" -le grito.


Piso el tartán y miro las gradas, a la derecha están vacías, a la izquierda están llenas tengo 300 metros para disfrutar de este momento. Me obligo a sonreír, y levanto los brazos y aplaudo, esto se acaba, y en medio de tanta gente veo a Ruben animándome, que alegría, aplaudo y levanto las manos, ya no me obligo a sonreír, me sale solo.




Tres horas, cuarenta minutos y veintiséis segundos.


Tiempos, fotos y videos 


Números kilómetro a kilómetro


He triunfado. 


Creo que he corrido como si hubiera alguien muy especial dentro de mí. Oigo una voz en mi interior que me dice: Larga vida y prosperidad.


En recuerdo de Leonard Nimoy




miércoles, 28 de mayo de 2014

Crónica Maratón de Madrid 2014

Durante la última semana antes de la maratón, decidí no volver a correr, la subida de kilometraje semanal había sido ascendente desde la media universitaria y mi cuerpo se resentía, la posibilidad de una lesión asomaba y de ahí la decisión de parar una semana completa.

Me aburría y me dediqué a leer cuantas crónicas de maratonianos de Madríd caían en mis manos, me hacía gracia leer auténticas historias épicas, de dolor, sacrificio y superación, me emocionaba a la vez que me sorprendía, y como no, en la semana antes de la maratón todo eran dudas, la duda de ser capaz de volver a correr una maratón 8 años después era un gran nubarrón.

Sin embargo la experiencia de esos 7 años oyendo a mis compis, como lloraban y se quejaban durante la semana previa, ... es que no he entrenado suficiente ... es que me duele mucho el lóbulo de la oreja derecha ... es que no he podido hacer la tirada larga a ritmo ... es que acabo de salir de un costipado....  es que creo que se me clava la uña del meñique ... me hacían tener la certeza de que algo iba por buen camino, porque esas mismas ganas de quejarme tenía yo.

El maestro Muñoz me preguntó, ¿pero tú eres de los que sabe sufrir? Mi respuesta fue un simple encogimiento de hombros.

Decidí no quejarme, y creo yo que por una mezcla de tanto leer y tanto escuchar, el sábado pasó algo. El sábado descubrí cómo quería correr la maratón, bueno realmente lo re-descubrí ya que cuando me apunté a la maratón allá por septiembre mi ilusión era correr una maratón sin sufrir, sin dolor, sin que fuera épica. Y ahí estaba yo 7 meses después decidiendo que no iba a sufrir, que mi objetivo iba a ser disfrutar.

Por esa razón, os aviso de antemano: Si creéis que vais a leer una crónica de cómo correr el maratón de Madrid correctamente, de cómo marcar los ritmos o de cómo hay que apretar los dientes y sufrir como un bendito para acabar la terrible subida del maratón desde casa de campo hasta el Retiro, dejar de leer ya mismo. Aquí no vais a encontrar esas respuestas.

Cuando uno decide disfrutar, cuando uno decide que el sufrimiento, el dolor, la incertidumbre, o la agonía no forma parte de su maratón, las cosas vienen rodadas, así me pasó, dormí como un niño, desayuné dos veces como marcan los cánones, vacié bodegas sin problemas, me acicalé, cogí el coche, y con mis pantaloncitos cortos y mi camisetita corta me puse a pasear por el Retiro a las 7:30 de la mañana con 9 grados de temperatura buscando el lugar de concentración. Mi cuerpo estaba helado, pero yo no tenía frío, ni un escalofrío recorrió mi cuerpo durante esa media hora.

Era hora del café, de las últimos lloros que tenía que escuchar y del último vente con nosotros Cano, corre con nosotros la maratón. Esta decisión de disfrutar, esta decisión de no sufrir no sé por qué pero implicaba que fuera sólo, yo conmigo mismo. Sin duda, fue otro acierto.

Levanta la cabeza, mira hacia adelante, disfruta, pero sobre todo, sobre todo sonríe. No sabéis lo feliz que puede ser uno cuando decide ser feliz, subiendo Castellana rodeado de miles de corredores, sin apenas animación, sin ningún coche, todo Madrid para uno sólo, que más puedo pedir? bueno por pedir me gustaría que llegara la cuesta abajo, pues dicho y hecho miro el reloj, llevo la media que quería y ya estoy en cuesta abajo, desde aquí hasta el km 32 esto va a ser un paseo.

Bajo por Bravo Murillo, voy volando, las merrel llevan alas y me hacen disfrutar de una de las calles que más recuerdos me traen de Madrid, aterrizo en Cuatro Caminos rodeado por una multitud que me lleva en volandas y enfilo Raimundo Fernandez Villaverde, pasar por el puente sobre la castellana me hace sentirme casi como un maratoniano en Nueva York, no cabe un alfiler, la alegría se nota en el ambiente.



Entramos en el barrio de Salamanca por Francisco Silvela, donde una ambulancia nos recuerda que por muchas ganas que tengamos, un maratón hay que entrenarlo, enfilamos Serrano, la cuesta abajo sigue y toda la calle es para nosotros, desaparecen los corredores de la media y volvemos a cruzar la castellana, llevaré unos 14km, me quedan 28, pero sé que sería capaz de correr otros 50, total lo que hago es disfrutar.

Volvemos a cruzar Castellana, empiezo a notar, a ser consciente de que soy un maratoniano, de que la gente que me rodea son maratonianos, los que quedamos somos conscientes de que esto acaba de empezar. Pienso en llegar a la media con buenas sensaciones, con muy buenas sensaciones, rechazo todas las dudas que vienen a la cabeza, estoy corriendo y estoy disfrutando.

Subo Santa Engracia o no? no me parece una subida, recuerdo que hasta el 32 era bajada, otra vez Bravo Murillo, San Bernardo y nos acercamos a Sol, los que animan se acumulan y sus gritos hacen que se nos pongan los pelos como escarpias, seguimos corriendo, seguimos bajando, seguimos disfrutando.

Salimos de Sol por la calle Mayor y llegamos al Palacio Real primer encuentro con la familia, hemos quedado en la izquierda, necesito un gel y deshacerme de la muñequera que lleva las llaves del coche, veo a Sergio a lo lejos, le hago una seña levantando 1 dedo, y hacemos el cambio, me da un gel y yo le doy la muñequera. De repente le veo corriendo a mi lado, ¿qué tal papi? le sonrio, vete con mamá, voy bien.




Llega la media maratón, miro el crono pero se me olvida que tiempo llevo, soy incapaz de saber si voy en tiempos o no, sólo se que estoy disfrutando. Bajo por el parque del Oeste y voy volando, puente de los franceses y avenida de Valladolid, pienso en mi amigo Belmont, si le viera me diría que soy un escaqueado, lo que haces por no estar con la familia. Llego a Norte y vuelvo a ver a la familia justo antes de entrar en la Casa de Campo, mi Casa de Campo.

Si correr por Madrid para mí es como correr en mi casa, correr por la Casa de Campo es como si lo hiciera por el jardín de mi casa, esto es lo mejor, la pena es que este año han acortado el recorrido, pero es normal, el silencio se apodera del corredor y algunos empiezan a dudar, uno me pregunta, ¿cuando viene la cuesta dura de la casa de campo? No hay cuesta le digo es todo bajada hasta el km 32, y salimos de la Casa de Campo.

Sale el sol y cualquiera diría que empieza a hacer calor, pero yo sólo puedo disfrutar de un maravilloso día de primavera por mi ciudad y el sol en la cara me hace sentirme aún mejor.

Voy paralelo al Manzanares noto un pinchazo en un pezón. "VASELINA" grito a pleno pulmón. A 50 metros delante de mí un patinador baja el ritmo, los corredores se despiertan a mi grito y le piden vaselina, atrás, atrás dice un runner te lo han pedido atrás, me da el bote de 1kg de vaselina y cojo un poco lo suficiente para continuar sin problemas.

El fatídico km 32 llega, los corredores dejan de hablar, alguno anda, cruzando el manzanares uno llora de dolor tumbado sobre el puente mientras intenta estirar el gemelo que se le ha subido a la altura del glúteo. No hay dolor pienso, no puede haber dolor cuando uno viene a disfrutar.

Voy adelantando compañeros que van mirando al suelo, mirad al frente les sugiero mirad arriba, hay que disfrutar y sonreír.

Llego al último lugar donde encontrarme con la familia, les busco y les veo, hay mucha gente y sé que no me ven, levanto las manos, les sonrío, me descubren con la mirada, me beso la mano y se la pongo en la boca a MariPaz, Sergio me anima, mientras Silvia distraída juega con algo. Durante 15 segundos dejo de respirar, se me cierran los pulmones porque la emoción me embarga, el éxtasis se apodera de mí pero necesito oxigeno, tranquilízate pienso, mientras, bajo el ritmo y conscientemente intento recuperar el aliento, una cosa es disfrutar y otra es que por pasártelo tan bien ahora te de un chungo.

Ahora empieza la maratón, ahora si que voy a disfrutar, esto ya está hecho y sólo hay que subir, intento sonreír y creo que lo consigo, la gente comienza a andar y muchos corredores se apuntan para hacer los últimos kilómetros con sus amigos, llego al paseo de las Acacias, pues tampoco es tanta cuesta pienso mientras pasito a pasito llego a la Ronda de Atocha, que poquito queda, no quiero que esto se acabe, que bien me lo estoy pasando, Atocha, Paseo del Prado, Colón y Goya, donde adelanto a una chica con gorra que va andando cabizbaja, le digo No hagas teatro para luego adelantarme al sprint en la meta, me mira con una cara de agradecimiento, comprensión, sufrimiento y heroicidad mientras negando me dice No, si no puedo más. Vaaaamos que solo quedan dos kilómetros, me despido de ella

El final se huele y aunque subimos por Velazquez enseguida llega la cuesta abajo final, sé que bajo el ritmo, pero me detengo buscando a la familia, en teoría habíamos quedado a la entrada del Retiro, y a ser posible me gustaría entrar con mis hijos en la meta, pero no les veo. Entro sólo al Retiro, apesadumbrado sigo buscándoles pero con cada metro que avanzo la esperanza se desvanece, no, otra vez no.

Sergio me dice, Hola Papá como vas?, pero bueno que haces aquí? le respondo, acabo de verte y he venido corriendo. Apoyo mi mano izquierda en su hombro, le digo que necesito que me hable, que me cuente un chiste y que cuando lleguemos a la meta tenemos que levantar las manos, pero sobre todo que tenemos que disfrutar, que hemos venido aquí a disfrutar. Va delante de mí y me hace apretar el ritmo, me lleva en volandas mientras me cuesta un chiste.



Entramos en meta, como no, sonriendo y disfrutando.



Mi hijo Sergio está preocupado, ha visto demasiada gente sufriendo hoy, me dan algo de comida y engullo dos platanos y una barrita, Sergio me mira y me pregunta, ¿Estás bien?

Sergio te lo he dicho miles de veces: En la vida la felicidad es una elección.




martes, 29 de abril de 2014

Plan entrenamiento maratón en 7 semanas

Al final buscando un plan para correr un maratón en 7 semanas como os comentaba en la crónica de la media ciudad universitaria, me di cuenta que me sobraban 6 semanas y 6 días, con un solo día en el que mezclar reflexión y descanso uno tiene claro lo que necesita para correr una maratón:

Camiseta
Dorsal
Pantalón
3 geles
Calcetines
Zapatillas
GPS

Y unas buenas instrucciones sobre como llevar los geles en el pantalón:
http://coachlevi.com/running/how-to-pin-energy-gels-to-your-running-shorts/




Como opcional pongo la muñequera para llevar las llaves del coche.

De todas formas y sí alguien tiene curiosidad por el detalle os puedo decir que lo que he hecho durante estas 7 semanas ha sido correr, correr y correr, pero no mucho desde el 1 de Enero hasta el 26 de abril: 391km.



domingo, 12 de diciembre de 2010

Maratón de San Sebastián 2010

En la oscuridad de la habitación del hotel, horas antes de que suene el despertador, repaso mentalmente el recorrido de la carrera, los tiempos, y me digo por enésima vez que es la última vez que me meto en este lío. El miedo al sufrimiento siempre es peor que el sufrimiento.

Por fin ha amanecido, y las horas previas a la carrera son como las de todas las carreras, pensando que no vas a aparcar a tiempo, que no vas a encontrar un sitio para tomar un café, ni un baño donde departir por última vez con Mr. Roca… finalmente, cuando calientas lo poco que se calienta antes de una maratón y estás ya vestido de faena, con los escasos cuatro grados de las 9 de la mañana, te sientes de alguna forma liberado. Ya solo queda correr, la compleja logística que te autoimpones durante meses de entrenamiento, y especialmente este último fin de semana, ha terminado con éxito. Estoy en el sitio indicado el día indicado, y las piernas y la cabeza quieren correr.

Quedan segundos para salir, un corredor me ayuda a saltarme la valla para colocarme en mi sitio: “no te vayas a desgraciar ahora con todo lo que nos queda”, me dice. Y suena a toda tralla el Highway to Hell de AC/DC. Buenísimo! Qué podría ser más adecuado en este momento. Paso por la salida emocionado.
Hey Momma, look at me
I'm on my way to the promised land
I'm on the highway to hell

No llueve, no hay previsión de mucho viento (algo de las dos cosas nos tocará por el paseo de la concha pero claro, si no no tendría gracia la cosa), nos han regalado la mañana perfecta para correr.

Salgo conservador, no tiene sentido forzar ahora. El plan es claro, no hay cuestas ni subirá mucho la temperatura, el ritmo tiene que ser todo lo constante que se pueda, la referencia son los 4:40 min/km, procurando no bajar jamás de 4:30, vengo muy cortito de series y de carreras y se que no recuperaré bien las alegrías, así que a controlar. Si todo va bien el objetivo son 3h15m.

Los primeros miles cuestan un poco 4:50, 4:43, 4:40… al final de la primera vuelta, la pequeña, de solo 5 kms, ya parece que las piernas cogen el ritmo bueno. En este punto se hace la primera pasada por Anoeta, entras por un lado del estadio, recorres 200 m. por la pista y sales por el otro extremo. Qué grande va a ser estar aquí dentro de tres horas.

En el MAPOMA de 2007 regalaban un librito de Javier Serrano donde se decía que un maratoniano experto puede saber como le va a ir la cosa ya al final de la primera media hora de carrera. Yo no me considero maratoniano experto, ni mucho menos, pero reconozco que de esto sí soy capaz; el año pasado en Vitoria creo que ya en el 5 sabía que no terminaría (retirarme aquel día en el km. 26, recorrer las calles vacías hacia la meta y esperar a David y a Carlos mientras veía llegar corredores, fue la peor experiencia de mi vida como runner), hoy sin embargo las sensaciones son bien diferentes. Me gusta el frío, la gente de Sanse son el mejor público que he visto nunca, y correr en esta ciudad, muy especial para mí, me pone los pelos de punta.

Paso el 10 en 46:25, en línea con lo previsto, incluso un poquito mejor, y descorcho el primer power gel. Esta vez he cambiado la estrategia de avituallamiento, tras mucho leer experiencias de otros corredores, y tomo el primero más pronto. Ya veremos qué tal va. Tras el 10 cruzamos el puente del Kursaal, sobre el Urumea, junto al hoy gris cantábrico, y dejamos el barrio viejo -“lo viejo”- a la derecha. Seguimos por el Boulevard, la calle Hernani, y empezamos a ver la playa por entre los edificios hasta salir al paseo de la Concha. Por aquí empieza a llover un poco y sopla el viento del mar, me refugio en un grupo, detrás de un tío muy grande con uniforme de triatleta, pero al poco para y les dejo para seguir a mi bola, progresando de atrás hacia delante. Correr junto a esta playa con la isla de Santa Clara al fondo (la perla de la concha), es algo que todo corredor debería hacer al menos una vez en la vida.

Con tanta emoción paisajística el ritmo ha subido, ando más ya en 4:30-4:35, pero las sensaciones son inmejorables. Pasamos el túnel que comunica con Ondarreta y entramos en la zona menos turística del recorrido, la avenida de Tolosa nos mete en el Barrio Antíguo y recorremos en una ida y vuelta de 6 kms calles más convencionales, de rotonda en rotonda hasta salir nuevamente a la playa, ya en el 19.

Paso el segundo 10k en 45:23 y poco después la media en 1:36:55. Calculo que me hecho un pequeño colchón, y que para cumplir con las 3:15 me basta con hacer la segunda media en 1:38. A partir de aquí empiezo a notar unos pinchazos extraños en el gemelo derecho, recuerdo una molestia igual a principio de año que casi no me deja correr la media de Getafe. Intento no darle importancia y sigo a lo mío. Un poco antes de Anoeta me uno a un grupo de unos 8 corredores comandados por un tío de azul y otro de negro, sin pensarlo mucho me pongo en cabeza y veo que no puedo dejarles (de hecho me da la impresión de que han acelerado cuando me han visto aparecer por allí). Lo dejo estar y me quedo a medio grupo, que no tengo ninguna prisa.

El segundo paso por Anoeta es apoteósico, salimos en la pantalla grande del estadio a medida que recorremos la pista, la gente aplaude, suena el Sick of Love a toda pastilla y me emociono hasta que casi no soy capaz de respirar.

Entramos en una parte más delicada de la carrera, muchos corredores empiezan a pagar las alegrías del principio y se van quedando atrás con un trote derrotado, miro a mis compañeros de grupo y me parecen todos unos máquinas, creo que soy claramente el gordito del equipo. Más que dejarles, como pretendía al principio, me preocupa que su ritmo sea demasiado para mi dentro de pocos kilómetros. Estamos ya en 4:30, pero el paso es muy regular y de momento les sigo sin esfuerzo.

El recorrido se repite milimétricamente y la mañana mejora, se asoman trozos de cielo azul entre las nubes y a ratos es difícil no venirse arriba y correr más. Km. 28 por Zurriola, segundo y último paso por el puente del Kursaal, tercer gel en la Concha (km 30), todo el pescao está vendido; ahora es el momento de triunfar o de empezar el calvario de la última hora de carrera. Toda maratón empieza aquí.

Seguimos a 4:30 y no puedo dejar de pensar que voy demasiado rápido y lo voy a pagar, es la primera carrera de mi vida que me tiro una hora corriendo al ritmo de un grupo. Muchos corredores ya van salvando los muebles y les pasamos como una apisonadora. Alguno intenta engancharse y corre unos cientos de metros con nosotros pero ninguno consigue quedarse salvo un chaval que lleva uniforme de maratonianos de Cáceres, y una chica que al final será tercera en el campeonato de Guipuzcoa (la veo correr fácil con nosotros a pesar de ser muy bajita, lo que le obliga a llevar una zancada larguísima). Sin embargo se que estas alegrías se pagan siempre al final, la maratón no perdona, y tengo un maquiavélico plan guardado en la manga.

Hace ya rato que he decidido descolgarme en el 30. Llevo bastante tiempo ganado, en el 30 picaré y echaré cuentas, pienso que siguiendo desde ahí a 4:40 aseguraré el final y bajaré holgadamente de las 3h15m previstas. Me encuentro bien, aunque el gemelo molesta cada vez más, y me veo capaz de hacer esos 12 kms a 4:40.

Paso el 30 en 2:16:55 (tercer diezmil en 45:06), siguiendo a partir de aquí a 4:40 llegaría sobre 3:13:30, esa hubiese sido la decisión lógica, aunque por otra parte… ¿cuántas veces vas a correr el maratón más llano de España en un día perfecto, sin aguaceros ni vientos de 40 kms/h?¿Cuántas veces vas a pasar el km. 30 de cualquier maratón sintiéndote tan entero como ahora? Pasa el 30 y no me muevo un milímetro del grupo, 31 y 32 los haremos ligeramente por debajo de 4:30, y en el 33, sin pensarlo en absoluto, casi sin cambiar de ritmo, me abro por la derecha, dejo el grupo y sigo solo hacia adelante.

Aquí ya se empiezan a ver las escenas típicas de todos los maratones, gente caminando, estirando al borde de la carretera, corredores que se animan y se gritan para intentar que aguante un compañero a punto de hundirse… Sin embargo yo corro en una especie de nube, sin ninguna sensación de muro, con la impresión de que queda gasolina para rato en el depósito.

Siempre tiene que haber algo que te estropee la fiesta, y esta vez va a ser el gemelo derecho. En el 34 llevo ya una clara sensación de que en cualquier zancada me puede dar un latigazo y dejarme en la cuneta, intento suavizar un poco el ritmo, pisar distinto, no se qué hacer pero no puedo fastidiar un día como hoy por esto.

El último paso por la Concha es inolvidable, el público es lo mejor que he visto nunca, parece como si todos supiesen lo duros que son estos kilómetros finales, leen el nombre en el dorsal y animan continuamente. Cada minuto paso de la emoción por seguir adelantando corredores (40 o 50 por kilómetro, que los voy contando para motivarme) a la desesperación porque el gemelo parece estar en las últimas. El cielo sobre el mar ya es casi tan azul como blanco, la concha es un cuadro y yo sigo sin rastro de muro. Algo me han echado en los spaghetti de anoche porque esto no es normal.

Sigo en mi ritmo y el estadio ya se ve sobre los edificios desde el km. 40. Paso el último 10k de la carrera en 45:03, cada uno ha sido un poco más rápido que el anterior. He llegado a un pacto de no agresión con el gemelo, que está totalmente agarrotado pero ya no parece ir a darme un latigazo pronto, y los últimos 2 kms. y pico acelero hasta los 4:20, sin atreverme a más.

Va a ser mi primera entrada a meta de una maratón en una pista de atletismo. Mucha gente en las gradas, la megafonía nos llama por nuestros nombres a medida que nos acercamos al arco de meta, me llega suficiente sangre al cerebro como para pensar en hacer una entrada digna (a ver si esta vez no salgo en la foto de llegada picando tiempo o mirando obsesivamente el reloj, que llego hora y pico tarde para batir el record de Gebre).

Llego en 3:11:29, casi sin poder apoyar la pierna derecha, mi segundo mejor tiempo en la distancia y con la satisfacción de haber hecho una carrera sin errores, sacando lo más que he podido de mi estado de forma. La segunda media ha salido en 1:34:32, casi 2 minutos y medio más rápida que la primera!

4 meses y 930 kms. de entrenamiento amortizados en este instante. Camino lentamente junto al césped del campo de fútbol, mirando al estadio, disfrutando de uno de esos momentos únicos en la vida de un modesto runner. Junto a mí hay un chaval apoyado en una de las vallas, llorando en silencio de espaldas a la gente.

Domingo, 5 de diciembre. Ha pasado una semana ya y he vuelto a calzarme las zapatillas para rodar 45 minutillos. Salgo de casa por los pinares de la ladera del Abantos, pisando suavemente la poca nieve que queda en los caminos, hacia mi circuito por los alrededores del pueblo. Los coches vuelven a ser los dueños de la calle, correr es otra vez algo personal, silencioso y anónimo, como la propia vida.