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sábado, 14 de marzo de 2015

Crónica Maratón de Sevilla 2015 (La última misión del capitán Spock)


Fecha estelar -307856.56, ya estoy dentro del huésped, es momento de explicar como he llegado aquí, por si algo sale mal.

En otra misión de la nave interestelar "Entreprise" 
de exploración del universo profundo, el capitán Kirk me ha pedido liderar el proceso de investigación, si bien esta misión tiene algo nuevo, estamos probando una forma de contactar con los habitantes de un planeta fuera de la federación, sin ser detectados pero pudiendo vivir y sentir su realidad. El proceso ha sido denominado por el doctor McCoy como transmentalización y sólo un vulcano esta preparado para ello.

El proceso consiste en la sincronización de las neuronas del investigador con las del huésped elegido, no hay ningún peligro físico pero solo un vulcano puede soportar el hecho de vivir en la mente de otro ser, teniendo incluso capacidad motora pero sabiendo que no es posible intervenir bajo ninguna circunstancia.



Solo existe el peligro de que durante el proceso el huésped sufra un accidente y no se pueda revertir, por esa razón se ha elegido un huésped tipo, de edad media y buena salud. Además el experimento tendrá lugar durante una prueba que los habitantes del planeta consideran un reto físico y mental, por lo que tendré la oportunidad de entender un poco más a esta especie.

Pensar y recibir los pensamientos de otro ser a la vez de los míos, es más costoso de lo esperado, voy a callar mi mente y a dejar que el huésped hable.







Despropósito tras despropósito he llegado aquí, los planes no se han seguido, estoy rodeado de corredores pero estoy solo, y ese no era el plan, al menos no era mi plan.
Estoy en una calle ancha de tres carriles en cada sentido dispuesto a correr una maratón, la maratón de Sevilla. Realmente no soy consciente ya que casi siempre corro en Madrid, en mi Madrid.
El objetivo, al contrario que el anterior maratón es sufrir, no me siento capaz de cumplir mi objetivo, 5:10 el kilómetro durante 42 para alcanzar 3:38, que resulta de mutiplicar por 2,2 mi mmp en la media maraton de Getafe de este mismo año.
He entrenado a ritmos por encima de 5:45, me duele el pie derecho y no siento la cabeza preparada para el reto mental que un maratón supone, sólo me queda eso, sólo me queda sufrir.
Comienza la carrera, parece que salimos cuesta abajo, desde luego seguimos el curso del Guadalquivir en su destino al océano, enseguida y de manera milagrosa obtengo mi ritmo pensado, es cierto que voy pendiente del gps pero no me cuesta seguir el ritmo, el primer objetivo seria pasar la media en 1:39 con muy buenas sensaciones. Mientras me sumo en mi soledad me sorprendo al ser abrazado por un runner, es Davide ¿Como puede ser si han salido en cajones delante de mi? Me explica que no han podido colocarse que han salido atrás,  "y Pablo?" - pregunto - "Va ahí delante concentrado". Ni le veo, me despido de David sabiendo que ya no volveré a verles hasta la meta, van mas rápido y han hecho los deberes.
La  carrera cruza el río, pasa por la torre del oro y se acerca al km6 donde me espera la familia y el resto de la compañía,  los busco en la derecha donde hemos quedado durante cientos de metros, esto me sirve para olvidarme del dolor del pie que estoy sufriendo desde la salida.
No voy bien pero no voy mal, realmente es la cabeza la que va mal quería ir en torno a 160 pulsaciones y voy por encima de 165, incluso veo 170 en algún momento en los primeros km.
Paso el km 6 y saludo feliz y sonriente y vuelvo sumirme en mi carrera, hasta el 16 no tengo que volver a sonreír. Me meo todo, pero me aguanto, pero me sigo meando. Sigo a ritmo e intento acoplarme detrás de cualquiera que vaya a mi ritmo.

Se acerca el km 10 llevo un gel en la mano desde la salida lo abro y lo devoro acompañado de sorbos de agua.
No se donde estoy, el sol me molesta y me deja de molestar según giramos por calles desconocidas y la orientación cambia. Estoy completamente desorientado algo que no me pasa nunca, descubrir que no se a donde voy se convierte en una agradable sensación, los km pasan a ritmo.

Llega el 16 vuelvo a sonreír, choco manos y dejo de sonreír, hay que seguir corriendo hasta el 31 no volveré a ver a la familia y ahí ya debería saber de que va esto.


Llego al 20 y saco el segundo gel ya me he dado cuenta que los avituallamientos líquidos no están donde deben pero avisan con un cartel cientos de metros antes y hay muchos voluntarios y mesas, lo peor es que dan el agua en vasos, preparo el gel y cojo el agua, me atraganto al tragar del vaso corriendo, no es nada cómodo beber agua en vaso mientras corres, toca toser y toso sin parar de correr. No sabría decir si esto ocurre antes o después de pasar la media.
Las pulsaciones siguen desbocadas por encima de 165 pero estables, se que soy capaz de correr una media por encima de 170 pero no se mas allá.  Paso la media en tiempo objetivo con buenas sensaciones rodeado de buenos corredores y animado por las palmas de los sevillanos, que alegría.

La carrera continua por lugares desconocidos y voy marcando ritmos ideales, la media por kilómetro me dice que voy a 5:07 mejor imposible, me sorprendo corriendo a ritmos que considero rápidos con sensaciones de paseo dominguero, en el fondo no me estoy esforzando - pienso -, aunque mi corazón no dice eso. Los kilómetros pasan rápidos y eso es bueno, no miro apenas el reloj, voy muy concentrado. Me despisto observando a la gente animando, se notan las caras de preocupación en los familiares buscando a sus corredores, los gritos de ánimo, las canciones y las palmas hacen que me emocione, que bonito es correr una maratón, que bonito es correrlo en Sevilla, no puedo permitirme el lujo de emocionarme, afecta a mi rendimiento vuelvo mi cabeza a lo que estoy haciendo y me concentro.


Llega el 30 donde hay que tomarse otro gel y el 31 donde vuelve a esperar la familia, tengo que sonreír, me viene bien para la moral chocar manos con mis niños, los siguientes km se me hacen largos, en el 33 me vuelve a esperar la familia y el miedo empieza a hace mella, quiero que llegue el 33 y saber que ya no tengo que preocuparme por sonreír, así ocurre paso el 33 y algo empieza a cambiar en mi cuerpo. Es poco a poco, tan despacio que no me doy cuenta, entramos en el parque de María Luisa y parece otra carrera. Veo el km 35 miro el reloj 3 horas justas que era lo planeado no puedo evitar gritar: "Soy una puta máquina" y comienza el declive.

Llegamos a plaza España y no lo paso tan mal como me habían contando, no hay nada como esperar un infierno y sentirte en el olimpo, corriendo por un estrecho camino que hacen los que te animan al rodear la plaza. En mi felicidad ingenua oigo detrás de mí "Navamorcuende" y sonrío, no supe quien era hasta que Carlos me mando esta foto, gracias por los ánimos.


























Salimos del parque y nos dirigimos al centro de la ciudad, creo que voy mirando el reloj cada 100 metros porque a penas avanza, me doy cuenta que los corredores que me rodean han dejado de correr y mueven sus piernas como palos, yo estoy igual acaba de llegar nuestro amigo el hombre del mazo, o en mi caso creo que uno más pequeño el duende del mazo se ha metido en mis piernas y no me deja correr como hasta ahora. Algunos corredores se paran a andar, otros caen al suelo fulminados por un calambre y son ayudados inmediatamente por algún voluntario que intenta estirar el músculo afectado y minimizar el tremendo dolor. Un corredor es sujetado por un policía mientras anda y se niega a parar, le miro a la cara y está completamente ido, yo sigo corriendo, km 36, km37, km 38 que despacio va esto, pico estos km por encima de 5:15 y veo las pulsaciones en casi 180, no encuentro ningún motivo para acelerar.


Pero veo a Joanna. A 5 metros delante de mí una corredora portuguesa es animada por las gentes, sólo está a 5 metros, y puedo cogerla, la cojo corro con ella un par de km y luego la dejo - pienso, pero no me doy cuenta que la carrera ahora pica para arriba y Joanna se me va, cualquier excusa es buena para motivarse pero Joanna no me ayuda.

km 39, que despacio va ahora el tiempo, salimos del centro de Sevilla y nos dirigimos al estadio olímpico, volvemos a cruzar el Guadalquivir, paso el km 40 esto ya esta hecho, entonces al entrar en la última rotonda veo a Pablo sujetado por un policía mientras se agarra los isquios y su cara de dolor demuestra que esta vez si se ha esforzado. Le grito "malditos calambres" y mientras caigo en la cuenta de que puedo ser medalla de bronce y no acabar el último del grupo, sólo puedo pensar que tengo que encontrar a la mujer de Pablo y decirla que está bien, que sólo son calambres y que ahora viene, gracias a este pensamiento me paso los dos últimos km de carrera sólo pensando en eso y buscando la cara de María Jesús, voy por la derecha pero creo que en la entrada al estadio iban a estar a la izquierda, efectivamente ella me ve y me grita algo y yo le digo "Está bien, Pablo está bien, sólo son calambres ahora viene".


Y entro en el túnel de entrada al estadio, no me he dado cuenta pero esto se ha acabado, sin embargo queda lo mejor, el túnel da paso al estadio.


Caaaaaaanooo - me grita Carlos - y Pablo?,  "Atrás, ahora viene ha parado por calambres" -le grito.


Piso el tartán y miro las gradas, a la derecha están vacías, a la izquierda están llenas tengo 300 metros para disfrutar de este momento. Me obligo a sonreír, y levanto los brazos y aplaudo, esto se acaba, y en medio de tanta gente veo a Ruben animándome, que alegría, aplaudo y levanto las manos, ya no me obligo a sonreír, me sale solo.




Tres horas, cuarenta minutos y veintiséis segundos.


Tiempos, fotos y videos 


Números kilómetro a kilómetro


He triunfado. 


Creo que he corrido como si hubiera alguien muy especial dentro de mí. Oigo una voz en mi interior que me dice: Larga vida y prosperidad.


En recuerdo de Leonard Nimoy




miércoles, 28 de mayo de 2014

Crónica Maratón de Madrid 2014

Durante la última semana antes de la maratón, decidí no volver a correr, la subida de kilometraje semanal había sido ascendente desde la media universitaria y mi cuerpo se resentía, la posibilidad de una lesión asomaba y de ahí la decisión de parar una semana completa.

Me aburría y me dediqué a leer cuantas crónicas de maratonianos de Madríd caían en mis manos, me hacía gracia leer auténticas historias épicas, de dolor, sacrificio y superación, me emocionaba a la vez que me sorprendía, y como no, en la semana antes de la maratón todo eran dudas, la duda de ser capaz de volver a correr una maratón 8 años después era un gran nubarrón.

Sin embargo la experiencia de esos 7 años oyendo a mis compis, como lloraban y se quejaban durante la semana previa, ... es que no he entrenado suficiente ... es que me duele mucho el lóbulo de la oreja derecha ... es que no he podido hacer la tirada larga a ritmo ... es que acabo de salir de un costipado....  es que creo que se me clava la uña del meñique ... me hacían tener la certeza de que algo iba por buen camino, porque esas mismas ganas de quejarme tenía yo.

El maestro Muñoz me preguntó, ¿pero tú eres de los que sabe sufrir? Mi respuesta fue un simple encogimiento de hombros.

Decidí no quejarme, y creo yo que por una mezcla de tanto leer y tanto escuchar, el sábado pasó algo. El sábado descubrí cómo quería correr la maratón, bueno realmente lo re-descubrí ya que cuando me apunté a la maratón allá por septiembre mi ilusión era correr una maratón sin sufrir, sin dolor, sin que fuera épica. Y ahí estaba yo 7 meses después decidiendo que no iba a sufrir, que mi objetivo iba a ser disfrutar.

Por esa razón, os aviso de antemano: Si creéis que vais a leer una crónica de cómo correr el maratón de Madrid correctamente, de cómo marcar los ritmos o de cómo hay que apretar los dientes y sufrir como un bendito para acabar la terrible subida del maratón desde casa de campo hasta el Retiro, dejar de leer ya mismo. Aquí no vais a encontrar esas respuestas.

Cuando uno decide disfrutar, cuando uno decide que el sufrimiento, el dolor, la incertidumbre, o la agonía no forma parte de su maratón, las cosas vienen rodadas, así me pasó, dormí como un niño, desayuné dos veces como marcan los cánones, vacié bodegas sin problemas, me acicalé, cogí el coche, y con mis pantaloncitos cortos y mi camisetita corta me puse a pasear por el Retiro a las 7:30 de la mañana con 9 grados de temperatura buscando el lugar de concentración. Mi cuerpo estaba helado, pero yo no tenía frío, ni un escalofrío recorrió mi cuerpo durante esa media hora.

Era hora del café, de las últimos lloros que tenía que escuchar y del último vente con nosotros Cano, corre con nosotros la maratón. Esta decisión de disfrutar, esta decisión de no sufrir no sé por qué pero implicaba que fuera sólo, yo conmigo mismo. Sin duda, fue otro acierto.

Levanta la cabeza, mira hacia adelante, disfruta, pero sobre todo, sobre todo sonríe. No sabéis lo feliz que puede ser uno cuando decide ser feliz, subiendo Castellana rodeado de miles de corredores, sin apenas animación, sin ningún coche, todo Madrid para uno sólo, que más puedo pedir? bueno por pedir me gustaría que llegara la cuesta abajo, pues dicho y hecho miro el reloj, llevo la media que quería y ya estoy en cuesta abajo, desde aquí hasta el km 32 esto va a ser un paseo.

Bajo por Bravo Murillo, voy volando, las merrel llevan alas y me hacen disfrutar de una de las calles que más recuerdos me traen de Madrid, aterrizo en Cuatro Caminos rodeado por una multitud que me lleva en volandas y enfilo Raimundo Fernandez Villaverde, pasar por el puente sobre la castellana me hace sentirme casi como un maratoniano en Nueva York, no cabe un alfiler, la alegría se nota en el ambiente.



Entramos en el barrio de Salamanca por Francisco Silvela, donde una ambulancia nos recuerda que por muchas ganas que tengamos, un maratón hay que entrenarlo, enfilamos Serrano, la cuesta abajo sigue y toda la calle es para nosotros, desaparecen los corredores de la media y volvemos a cruzar la castellana, llevaré unos 14km, me quedan 28, pero sé que sería capaz de correr otros 50, total lo que hago es disfrutar.

Volvemos a cruzar Castellana, empiezo a notar, a ser consciente de que soy un maratoniano, de que la gente que me rodea son maratonianos, los que quedamos somos conscientes de que esto acaba de empezar. Pienso en llegar a la media con buenas sensaciones, con muy buenas sensaciones, rechazo todas las dudas que vienen a la cabeza, estoy corriendo y estoy disfrutando.

Subo Santa Engracia o no? no me parece una subida, recuerdo que hasta el 32 era bajada, otra vez Bravo Murillo, San Bernardo y nos acercamos a Sol, los que animan se acumulan y sus gritos hacen que se nos pongan los pelos como escarpias, seguimos corriendo, seguimos bajando, seguimos disfrutando.

Salimos de Sol por la calle Mayor y llegamos al Palacio Real primer encuentro con la familia, hemos quedado en la izquierda, necesito un gel y deshacerme de la muñequera que lleva las llaves del coche, veo a Sergio a lo lejos, le hago una seña levantando 1 dedo, y hacemos el cambio, me da un gel y yo le doy la muñequera. De repente le veo corriendo a mi lado, ¿qué tal papi? le sonrio, vete con mamá, voy bien.




Llega la media maratón, miro el crono pero se me olvida que tiempo llevo, soy incapaz de saber si voy en tiempos o no, sólo se que estoy disfrutando. Bajo por el parque del Oeste y voy volando, puente de los franceses y avenida de Valladolid, pienso en mi amigo Belmont, si le viera me diría que soy un escaqueado, lo que haces por no estar con la familia. Llego a Norte y vuelvo a ver a la familia justo antes de entrar en la Casa de Campo, mi Casa de Campo.

Si correr por Madrid para mí es como correr en mi casa, correr por la Casa de Campo es como si lo hiciera por el jardín de mi casa, esto es lo mejor, la pena es que este año han acortado el recorrido, pero es normal, el silencio se apodera del corredor y algunos empiezan a dudar, uno me pregunta, ¿cuando viene la cuesta dura de la casa de campo? No hay cuesta le digo es todo bajada hasta el km 32, y salimos de la Casa de Campo.

Sale el sol y cualquiera diría que empieza a hacer calor, pero yo sólo puedo disfrutar de un maravilloso día de primavera por mi ciudad y el sol en la cara me hace sentirme aún mejor.

Voy paralelo al Manzanares noto un pinchazo en un pezón. "VASELINA" grito a pleno pulmón. A 50 metros delante de mí un patinador baja el ritmo, los corredores se despiertan a mi grito y le piden vaselina, atrás, atrás dice un runner te lo han pedido atrás, me da el bote de 1kg de vaselina y cojo un poco lo suficiente para continuar sin problemas.

El fatídico km 32 llega, los corredores dejan de hablar, alguno anda, cruzando el manzanares uno llora de dolor tumbado sobre el puente mientras intenta estirar el gemelo que se le ha subido a la altura del glúteo. No hay dolor pienso, no puede haber dolor cuando uno viene a disfrutar.

Voy adelantando compañeros que van mirando al suelo, mirad al frente les sugiero mirad arriba, hay que disfrutar y sonreír.

Llego al último lugar donde encontrarme con la familia, les busco y les veo, hay mucha gente y sé que no me ven, levanto las manos, les sonrío, me descubren con la mirada, me beso la mano y se la pongo en la boca a MariPaz, Sergio me anima, mientras Silvia distraída juega con algo. Durante 15 segundos dejo de respirar, se me cierran los pulmones porque la emoción me embarga, el éxtasis se apodera de mí pero necesito oxigeno, tranquilízate pienso, mientras, bajo el ritmo y conscientemente intento recuperar el aliento, una cosa es disfrutar y otra es que por pasártelo tan bien ahora te de un chungo.

Ahora empieza la maratón, ahora si que voy a disfrutar, esto ya está hecho y sólo hay que subir, intento sonreír y creo que lo consigo, la gente comienza a andar y muchos corredores se apuntan para hacer los últimos kilómetros con sus amigos, llego al paseo de las Acacias, pues tampoco es tanta cuesta pienso mientras pasito a pasito llego a la Ronda de Atocha, que poquito queda, no quiero que esto se acabe, que bien me lo estoy pasando, Atocha, Paseo del Prado, Colón y Goya, donde adelanto a una chica con gorra que va andando cabizbaja, le digo No hagas teatro para luego adelantarme al sprint en la meta, me mira con una cara de agradecimiento, comprensión, sufrimiento y heroicidad mientras negando me dice No, si no puedo más. Vaaaamos que solo quedan dos kilómetros, me despido de ella

El final se huele y aunque subimos por Velazquez enseguida llega la cuesta abajo final, sé que bajo el ritmo, pero me detengo buscando a la familia, en teoría habíamos quedado a la entrada del Retiro, y a ser posible me gustaría entrar con mis hijos en la meta, pero no les veo. Entro sólo al Retiro, apesadumbrado sigo buscándoles pero con cada metro que avanzo la esperanza se desvanece, no, otra vez no.

Sergio me dice, Hola Papá como vas?, pero bueno que haces aquí? le respondo, acabo de verte y he venido corriendo. Apoyo mi mano izquierda en su hombro, le digo que necesito que me hable, que me cuente un chiste y que cuando lleguemos a la meta tenemos que levantar las manos, pero sobre todo que tenemos que disfrutar, que hemos venido aquí a disfrutar. Va delante de mí y me hace apretar el ritmo, me lleva en volandas mientras me cuesta un chiste.



Entramos en meta, como no, sonriendo y disfrutando.



Mi hijo Sergio está preocupado, ha visto demasiada gente sufriendo hoy, me dan algo de comida y engullo dos platanos y una barrita, Sergio me mira y me pregunta, ¿Estás bien?

Sergio te lo he dicho miles de veces: En la vida la felicidad es una elección.




martes, 11 de marzo de 2014

Crónica XXXIV Media maraton ciudad universitaria 2014

El previo a la carrera, 

Hacía casi 8 años que no corría una media maratón, es más en mi vida solo he corrido dos medias, la de la latina y la de Madrid ambas en el 2006.

Este año parecía que todo iba a ser diferente, llevaba corriendo todo el otoño sin ningún problema, había corrido varios diez miles, una carrera de 25km, me había apuntado a la media de Getafe, a esta y al mapoma. Sin embargo a mediados de diciembre haciendo cuestas, justo en la última noté que algo en la ingle se fastidió, no fue algo grave porque seguí como si tal cosa, pero lo recuerdo perfectamente.

Seguí entrenado, creo que sin notar molestias una o dos semanas, hasta que haciendo un entreno de unos 20km tuve que parar, el dolor apareció y volví a casa andando. No pasa nada, llegaban las navidades, aprovechamos y descansamos.

Salí un día a probarme antes de la San Silvestre, y el resultado no fue bueno, algo no estaba bien, pero bueno decidí ir a la San Silvestre y ver que pasaba, corrí esta carrera sin esforzarme como uno lo suele hacer en un 10 mil, y no tuve dolor hasta el km 8, en cuanto note una molestia bajé el ritmo.

Dos cines y un par de conciertos, como dice la canción, aunque en mi caso fue dos sesiones de fisio con Jesús y otras dos con Rocio, me hicieron volver a llegar a la conclusión de que no tengo una musculatura agradecida. Me daba una sesión, me tocaban un músculo, me lo descargaban, salía a correr para probarme y el resultado no era bueno, no podía hacer más de 4km si notar muchas molestias en la rodilla izquierda. Cansado de volver a caer en lo mismo, volví a probarme en los mismo errores, quizá es que no me esfuerzo suficiente? corrí tres días 6km cada día hasta que el último día después de duchado y vestido el dolor fue un poco más serio de lo normal. Habrá que parar me dije.

Y tuve suerte, paré una semana, y a la semana siguiente me cogí un gripazo monumental resultado dos semanas completamente parado de correr. Salí un día a montar en bici y dos a nadar.

Marzo llegaba y al ir viendo como pasaban los días la idea de no correr la maratón paso a convertirse en una realidad.

El lunes 3 de marzo ya estaba recuperado del gripazo, había estado haciendo ejercicios de propiocepción en casa y noté como un chasquido en el interior de mi cadera, lo siento pero no se decir donde, sólo me queda una opción ir a un osteópata, ni que decir tiene que no tenía la más mínima intención de correr la media. El miércoles dia 5 fui al osteópata, en general me caen mal los osteópatas, les cuentas tu vida, te abres a ellos como si fuera un cura, te confiesas hasta las aberraciones deportivas más tontas que has hecho, ellos te miran con cara de "otro más", luego se suben encima tuya, te crujen medio cuerpo, que si te he colocado el peroné, que si es normal que te doliera la rodilla, que si tenías los tobillos bloqueados, que si tenías el coxis rotado, ¿como narices puede rotarse el coxis?, que si esa contractura era por una costilla, que si te toco el cráneo, que si date un paseo antes de montarte en el coche, y mañana ya puedes correr. Llegué a casa destrozado, me metí en la cama y hice caso al osteopata. El día 6 me fui a correr, 8 km ninguna molestia, mi participación en la media ya era asegurada, ahora sólo había que pensar cuantas vueltas. Una al menos. El día 8 cogi la bici en dos meses y medio sólo una vez había hecho más de 45 minutos de ejercicio, pensé ves despacio, ves tranquilo tu trasero te lo agradecerá, dos horas y un cuarto después con muy buenas sensaciones, hicieron ver claro que podía dar dos vueltas.

La carrera.


El domingo 9 de marzo era la carrera. Después de las semanas de lluvia que estábamos sufriendo en Madrid, sabía que este domingo iba a ser un día espectacular. A las 8:30 estaba a la orilla del manzanares a cero grados, tomando un café con parte del cano ritmo sin saber si iba a ser capaz de dar 1 o 2 vueltas.

El ambiente de la salida era inmejorable, la temperatura ideal, el lugar junto a Moncloa, en medio de la ciudad universitaria de Madrid, me traía tantos recuerdos de tantas personas que me planteaba escribir esta crónica poniendo nombres a cada uno de esos recuerdos.

Eso me sirvió de motivación, sabía que iba a ser duro dar vueltas, que iba a ser un recorrido exigente y lo que hice fue mentalizarme en disfrutar del paisaje, ¿cuantas veces he pasado por aquí en coche? ¿cuantas veces he salido por esa boca de metro? Me he tomado algo en la cafetería de esta facultad, y de esta, y de esta, de esta también, he estudiado en la biblioteca de esta facultad y de esta, y de esta, te acuerdas cuando abrieron medicina 24 horas aquel verano?, parece mentira, nada ha cambiado, todos los edificios siguen igual.

Oigo detrás de mí:
- "Ha corrido todas las ediciones de esta carrera"
- "No todas no, los embarazos y el año pasado que me rompí la pierna"
- "Entonces eres una máquina"
- "No, lo importante no es lo que has corrido, sino seguir corriendo"

He ido contando casi cada metro, escuchando cada musculo, tendón y hueso de mi cuerpo y no me duele nada, he ido trotando, empezando a 6:20 y estoy marcando los km a 6:00, voy relajado, empieza la segunda vuelta, empiezo a emocionarme, pero me digo a ver como estás en el km 14 y entonces decides.

Un hombre ciego corriendo con el bastón en una mano y la otra agarrando una cuerda sujetada por otro corredor que le va haciendo de guía:
- "Ahora giramos a la derecha y pica para arriba"
- "Salimos de la rotonda y todo recto"

En las curvas bajan el ritmo, pero en el llano aceleran, se me van, es un lujo verlos correr pero quiero ir a mi ritmo.

Llega el km 14 es hora de decidir y me preguntan:

- "llevas zapatillas minimalistas?"

Y me pongo a rajar, pobrecico inocente con las ganas que tengo de hablar, me interrumpe.

-"Bueno yo me quedo aquí que sólo doy dos vueltas" - me dice.

No me da tiempo a reaccionar ya estoy dando la tercera, algo está empezando a cambiar en mi cabeza, total ya sólo quedan 7km, me pongo a hablar con uno, me pongo a hablar con otro, pero ya no tengo ganas de hablar sólo tengo ganas de correr.

Y eso es lo que hago, empiezo a correr.

Miro el reloj y pienso, a lo mejor podría hacer 2 horas, pero rechazo el pensamiento, lo importante es disfrutar, me miento.

Entro en la pista de arena y veo a los corredores, piso esa arena y me emociono. Pablo y Carlos me saludan, hago el avión en su honor, Venancio al grito de "ese de Navamorcuende" me anima. En estos momento lo que más me gustaría es poder oir a todo volumen la banda sonora de Carros de Fuego, es más creo que la oigo.

Voy solo por la pista y veo la meta, no me lo puedo creer.




Paso la meta, paro el reloj, tiempo neto 2:00:00, no puedo evitar sonreirme:


Tras la carrera.


Básícamente agujetas, como siempre. Y muchas dudas, quedan 7 semanas para el mapoma, ya no tengo excusas, sólo me queda hacer una cosa, buscar en google "Como preparar una maratón en 7 semanas".

domingo, 1 de diciembre de 2013

III Carrera Popular Cerro de la Marmota 2013



Hasta hoy llevaba 7 años sin correr más de 20km, este otoño he salido tres o cuatro veces por asfalto haciendo unos 19km, y hoy tenia el reto de hacer 25, y nada de asfalto, por caminos. No quería tener un plan, ni hacerme espectativas de ningún tipo, pero al final eso es imposible. Pensaba bajar tranquilo a 6 el mil hasta el km 11 y luego a sobrevivir, tenía miedo a dolores musculares, a reventar, pero la verdad es que al final he intentado liberarme.

Un acierto creo que ha sido llevar 4 días sin hacer nada, estaba con el mono. Nos hemos colocado en el medio, he salido tranquilo, bueno tranquilo porque me adelantaba todo el mundo, pero en el tercer km he marcado 4:58, la estoy liando he pensado, que son 25km por terreno desconocido.

Sea como fuere he acabado bajando a 5:20, los primeros 12 km, y me he hecho un calculo rápido, si voy a 6:40 en la subida consigo una media de 6:00, joder que pesimista soy, y nada más alejado de la realidad.

Ha sido curioso pero durante la bajada me ha estado adelantando gente todo el rato, pero luego como yo no esperaba la cola para no mojarse las zapatillas sino que desde el primer arroyo ya me las he mojado, pues les recuperaba, vamos que me han estado haciendo la goma todo el rato. Eso sí, era un poco deprimente sentirte adelantado todo el rato.

Pero luego ha venido lo bueno, ha empezado la subida, y el que ha empezado a adelantar he sido yo, no he hecho ningún km por encima de 6:05, y no me he parado ni a coger agua, miento realmente ha sido así: primer avituallamiento ni mirarlo, segundo un vaso de agua, tercero y cuarto tantas naranjas como me cabían en la mano, en el último parecía el monstruo de las galletas corriendo y comiendo naranjas.

Tenía un objetivo y era no dejar de correr, iba sufriendo pero controlado, y ya no me daba miedo reventar, por el km 20 o así hemos dejado de subir (es un decir porque picaba para arriba), ha empezado una zona semi-asfaltada y he apretado, seguía adelantando y alguno ha intentado acoplarse, hemos hecho piña 3 corredores, pero una subida he bajado el ritmo y el que iba segundo se nos ha ido. He ido a por él, no lo he conseguido, aunque era una buena referencia, iba más fuerte que yo, me he tomado un respiro y en el km 23 he apretado los dientes y me he vaciado, tiempo final 2h15m, muy, muy contento.

Pero sin duda hoy las protagonistas hoy han sido las merrel, mis pies y el no llevar calcetines.

La primera bronca me la he llevado de Pablo antes de empezar "¿No llevas calcetines? que son muchos km.", en fin es lo que tiene ser un descerebrado. En el km 3 unos runners "Mira ese lleva unas merrel glove", les digo que si que son las trial glove, me preguntan que, qué tal, le digo que estupendamente. En el km 4 pillo a Olga, "Oye y con las zapatillas esas no notas las piedras?" pienso "sí, es la idea, pero si le digo eso tengo que explicárselo, que pereza je, je, je", le digo que si, muchas veces sobre todo por caminos (hasta aquí puedo leer).

Llega el primer río, la gente frena y se pone a hacer cola, yo llevo mis merrel y sin calcetines, y lo tengo claro, hay que cruzar unos 10 rios, yo no espero, me mojo. Uno dice, "que daño ha hecho killian", ja, ja, ja me parto.

En el km 7 está Fran con la bici, me grita "¿Se te han olvidado los calcetines?", no puedo más de la risa, es un crack, gracias por estar siempre ahí.

Empieza una subida será el km 11, un runner de asfalto, me dice, "vas sin calcetines, no te harás daño?", le digo, no tengo ni idea, es la primera vez que voy a hacer 25km sin calcetines, ya he hecho 19, pero por la Casa de Campo, y claro eso no es lo mismo.

Estoy seguro que más gente se ha quedado con ganas de preguntar pero a partir del 11 la gente iba más despacio que yo ;-)

Al final, el no llevar calcetines sí que ha tenido sus consecuencias, y es que como se ve en la foto, el pie está sucio, muy sucio.

Actualización 13 de Diciembre de 2013:

Realmente el tiempo fue de 2:13, según los datos oficiales tiempo bruto 2:13:36.
Puesto 264 de 679
En mi categoría VBM, puesto 63.



lunes, 8 de octubre de 2012

Crónica Talajara 125km (2012)


Si has llegado a está crónica a través de un buscador, con la intención de saber cómo es la Talajara, sigue buscando y no sigas leyendo, básicamente recuerdo poco; no soy capaz de unir subidas con km, ni bajadas con pueblos, no recuerdo cuantos litros bebí, si me tome dos o tres geles ni siquiera puedo decir el número de paradas que hice. Algo me ha pasado en la Talajara, porque normalmente me acuerdo de estas cosas y ahora mismo el único recuerdo claro que tengo es que no quería mirar el gps, no quería saber dónde estaba y lo único que quería era que los kilómetros pasaran.

La foto si que la recuerdo, le ví a lo lejos, al fotógrafo digo, frené para que Pablo pasara y me hicieran un primer plano, pensé en sonreir y hacer alguna de mis payasadas, creo que se quedó solo en un pensamiento ya que tengo una cara de reventado que lo dice todo. Era el primer avituallamiento, ni idea del km, y me dolía el trasero como duele cuando acabas 125 km en bici, no como cuando estás empezando, no lo podía entender, íbamos tranquilos, había desayunado bien, me iba hidratando correctamente, dormí como un lirón, durante la semana descansé lo justo. ¿qué narices me estaba pasando que me dolía tanto el trasero?

Se me olvidó, me puse a pensar en otra cosa, en lo bonita que era la vía verde, mira el río, mira el túnel, mira una pareja en tandem, y en algún kilómetro dejó de dolerme, creo que fue cuando me quedé sin referencias, iba chupando rueda de algún biker más aventajado, cuando me di cuenta de que el biker aventajado era yo. No me adelantaba nadie, miraba de reojo y Pablo seguía ahí, no decía nada, yo iba cómodo, ese era el objetivo, aunque con un puntito de más, siempre hay que dar un puntito de más. La vía verde ascendía; sí es una vía verde, es asfalto pero subía, no sé por qué mire atrás, vi a un grupo siguiéndome, me pareció injusto y pedí ayuda, no tardaron en relevarme y no se cómo llegamos al final de la vía verde, donde había avituallamiento sólido.

Sólido? yo quiero un bocata de lomo, quiero una hamburguesa o un plato de pasta. Sólido no es una naranja ni una manzana, eso es líquido que masticas. Me entró un mal rollo, que hambre tengo, algo comí, pero no recuerdo que, si gel, manzana, barrita o las tres cosas.

Y sí de esta primera mitad me acuerdo poco, de la segunda mitad ya no sé como contar los inconexos recuerdos que tengo.

Vayamos por orden de recuerdo que no de ocurrencia:

Lo primero que me sorprendió al abandonar la vía verde es que subiéramos por una carretera y la gente fuera como tortugas, estaba claro que lo habían dado todo y ahora lo iban a pagar, yo me sentía fresco, total  no me dolía el culete.

Lo segundo que me sorprendió fue que al entrar en la primera cuesta (primera por decir algo que ya os digo que no me acuerdo de nada) ya estaba la gente echando pie a tierra, pero bueno que esto es mtb, que no es ir por un carril bici, que hay que poner molinillo, agachar la cabeza, y sudar-respirar, sudar-respirar, compañeros que nos quedan 50km así no llegamos a ningún sitio.

Para acabar con las sorpresas, lo tercero que me sorprendió fue las bajadas, no es que sea un experto, ni tenga una downhill con 150 de recorrido, pero la gente bajaba lento. Va a ser que no, va a ser que yo bajaba rápido, pero bueno, mi sensación era que la gente iba lenta y yo con precaución y siguiendo la estela de Pablo iba adelantando como podía: "por la derecha compi", "izquierda, izquierda, graaaacias". Joder que buen rollo hay en esto del mountain bike.

También recuerdo dos pueblos, con sus dos avituallamientos.

El primero tengo que mirarlo en el mapa: A sí Buenasbodas, creo que el avituallamiento sólido también era sencillo, pero este pueblo supuso un antes y un después para Pablo, un lugareño le dijo que se iba a tener que bajar de la bici, y ya sabemos que estas cosas no nos gustan que nos las digan, aunque sean verdad, aunque venga un rampón del 30%, nadie nos dice que nos vamos a tener que bajar. Y efectivamente llegó el rampón, cuando alzo la mirada veo a Pablo delante y decenas de personas andando por el camino empujando una bici, ni el tato iba montado. Pablo says: "Por favor, dejar una via libre a los que vamos a intentarlo". AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAhhh, yo puse pie a tierra, no sin antes aclarar mis cuerdas vocales y darlo todo, pero todo todo, y más, bueno casi porque todavía me quedaron fuerzas para animar a Pablo que lo consiguió casi, casi sin despeinarse.

"Canito que fuerte estás", se oía por el walkie-talkie. "Leches pero si voy andando...."

El segundo pueblo, este sí que lo recuerdo, Alcaudete de la Jara, aquí si que daban de comer, pero bien, y de beber, pero bien, su agüita, su isotónica, y su migas, madre mía que migas, me llenaron el tupper, y me lo empaquetaron bien, bien, casi como mi madre. Buscamos una sombra y nos ponemos a comer, "Pues vaya a tí si que te han echado torreznos!", envidioso pensé y yo dale que dale, una de torreznos y otra de pan, y traguito de agua, esto es vida y hay que disfrutarla.

En que hora.

NO RECUERDO CUANDO, pero fue tan pronto como dejamos Alcaudete y empezamos a subir de nuevo, los torreznos comenzaron a jugar al corro de la patata, en algún lugar en mi estómago, un dolor se fijó en la parte baja de mi pulmón derecho y ya no me dejó. Era flato, un flato normal y corriente, pero que no veas como fastidia cuando llevas 100km, te quedan, ni me acuerdo y aquello no es más que un sube y un baja, y ni un llano, y mete plato, y saca plato y ni un descanso y yo hasta las narices, o no, no me acuerdo. Mi sentido del humor estaba todavía intacto e intentaba imaginar una aumento de potencia inesperado si de alguna manera consiguiera expulsar ese gas inocuo que me estaba martilleando en cada subida.

Pero no ocurrió y el dolor no se fue, lo que sí pasó y no me preguntéis cuando es que de repente vimos el Puente de Castilla la Mancha, y eso significaba que ya no quedaba nada.

Algunos momentos más que recuerdo con cariño:

Iba con un dolor generalizado por el cuerpo, cuadriceps, espalda, manos, cuello, ibamos llaneando y Pablo se para, me da, me da, y le dio un calambrazo, paramos, aproveché a estirar y me vino de perlas, sin esa parada no hubiera acabado. No recuerdo si fue aquí o en otro momento, pero Pablo sacó el boi k que le regalé hace 2 años cuando compre 5 tubos por 2,58€ (joder que memoria tengo para algunas cosas) y me preguntó: "El boi k es de color tierra?", mientras miraba la fecha de caducidad, creo que no le contesté, total se lo iba a tomar igual.

La salida con todos los compis del pueblo, Rafa, Jose Antonio, Javi, Santiago y Jesús, sólo los ví en la salida, pero ya sabemos que eso es suficiente, qué máquinas¡¡¡

Algunas fotos http://www.flickr.com/photos/talajara2012/

Para finalizar decir que personalmente me siento orgulloso de haber realizado esta prueba, me monté en el coche henchido de orgullo, no me dolía nada, estaba cansado pero no me dolía nada, sólo tenía ganas de ducharme pero estaba contento y me sentía un super hombre, había acabado hace ya por lo menos una hora, cuando camino de mi pueblo Navamorcuende, justo al salir de Talavera, tras cruzar el tren y acercarme a la gasolinera, veo un espejismo, "no puede ser, al final lo he pagado caro, se me ha subido el Isostar a la cabeza." a medida que me voy acercando lo veo claro, el tandem al que estuve pegando en la primera parte de la vía verde, iba de vuelta a su casa, en bici, no en coche como yo que ni soy un super hombre ni na, estos si que eran la super pareja, iban superman delante y superwoman detrás, pero bueno esto que es?, es que no os cansáis de dar pedales?

El año que viene más, o no, no me acuerdo.

Actualización 12.10.2012

Una fotico más subiendo, sobrado de fuerza una rampa:


En la salida:



viernes, 29 de junio de 2012

Crónica ASTROMAD 2012. Distancia Half Ironman

Un mes y medio antes de la prueba decidí que intentaría debutar. No estaba seguro de poder sacar el tiempo necesario, pero de ilusión también se vive.

 Llevaba un mes y algo sin correr por un dolor de gemelos que luego ha resultado ser un "fallo técnico" de nacimiento allá por la región lumbar y que sólo da guerra a veces sí y a veces no. Como ya tenía un diagnóstico (después de años con el problema de forma intermitente sin ser consciente) pues a probar si los consejos funcionaban.

 Por si lee esto alguien que no me conozca añadiré que nado, corro y voy en bici de forma regular desde hace unos tres años. Lento pero seguro. Si una base así hubiese sido una verdadera insensatez pretender preparar esta prueba en ese tiempo. Eso sí, la experiencia en triatlones tampoco era para tirar cohetes: dos sprint decentes y un olímpico en última posición.

 Vamos al grano, al día de la prueba. Los niños están con unos amigos (gracias Cristina y Rafa) y mi gran supporter (mi mujer, claro) a mi lado en todo momento. Dudo mucho de haber estado siquiera en la línea de salida sin su ayuda. Es logísticamente muy complicado esto del triatlón.

 10:00 Reunión técnica

 Por si me contaban algo interesante, allí estábamos. Pues resulta que como se hará de noche (sorprendentemente) pues que el tiempo de corte es de 7h 30'. Un momento ¿dónde se avisaba de esto? En ningún sitio. ¡Pero si yo he visto tiempos de llegados de otros años por encima de las 8 horas! Os pedimos disculpas, dice el organizador. La primera en la frente.

 Menos mal que uno va fuerte de moral a estas cosas, porque es para echarse a llorar. El señor de la organización avisa de que hay 4 vueltas en el recorrido a pie, el Juez pone en la diapositiva que son 3. Claro, luego hay confusiones.

 12:00 Plato de pasta

 Un decir. Yo que lo tenía todo organizadito para comerme mi pasta a esa hora y tener la digestión hecha para las 14:30 (luego resultó que no había tanta prisa) me quedé con las ganas. Hasta casi las 13:00 no pudo ser. No pasa nada. La moral alta.

 13:50 Sesión de (in)vestidura

 Que si crema para el sol, que si vaselina, que si el aceite para que entre y salga el neopreno. ¡Ni los toreros!
14:20 Al agua

 No quería cometer el error de otras veces de salir de pena nadando por culpa de mi mala tolerancia al agua fría (18ºC según los jueces).

 Retraso 5 min, 10 min, 15 min

¿Y el tiempo de corte? Yo sigo en el agua, que con el neopreno me asfixio a 35ºC. Como la cosa se hace aburrida, me pongo a charlar con Javier (un saludo) al que conozco por eso del remojo y la espera. Lamentablemente le fui sacando datos de sus pruebas anteriores y me empecé a asustar de lo que me venía encima: que tenía 3 horas en maratón, que hizo un HIM en 5h15, pero que aquí se retiró el año pasado a las 6h, vamos, que me puso la prueba en su sitio.

 Después de mucho rato la organización nos dice que un accidente de moto ha formado un atasco, que no está la guardia civil, que no ha llegado el autobús que trae a los últimos participantes (la segunda transición no está en el lugar de la T1), que nos quitemos los neoprenos. Uf, si me lo he puesto con ayuda de mi mujer y sudando la gota gorda.

 Total, salimos del agua (mi mujer me gestiona un trago de isotónica que sabe a gloria y otro triatleta aprovecha para empinar el codo agradecido) y justo cuando me quito la parte superior del neopreno entonces van y nos forman por orden como en la mili y ¡nos meten prisa!

 Bueno pos vámonos que nos vamos. Todos a la corchera. ¿Y la corchera? Ah, sí, esto que se toca con los pies.

 15:32 Por fin salimos

 Bien. Contando hasta cinco para arrancar, tranquilo y ya enseguida con mi orientación estadística: si veo a gente por la derecha y gente por la izquierda voy bien. Y así fue porque no miré p'alante hasta el final. A la postre lo que creía ser mi punto débil se me dio bien (38' y poco). El único momento entretenido fue cuando una hilera de nadadores se cruzaron en perpendicular arrollando todo a su paso: Eran los del olímpico, que según la organización no nos toparíamos si nadábamos por debajo de 45'. Vaya, otra promesa incumplida. 

38' después Salgo del agua.

Mi mujer "¿cómo vas?" yo "bien, borracho, pero bien". Otro triatleta cercano comenta riéndose "pues yo llevo un pedo…" Lo cual me tranquiliza porque no soy el único y cada uno se consuela como quiere.



 Hago la transición tranquilo, salgo de la zona de bicis y me subo... luego veo que me he subido antes de tiempo, pero los jueces no me dicen nada. Empezamos la primera rampita de la jornada, con unos 350 metros de desnivel. Ahí me pasa todo el mundo, la mayoría del olímpico y del sprint. Tengo las ideas claras, el tiempo me da igual y esto es muy largo. No me pico con nadie (Fran no estaba allí). 

Muuuucho calor.

 Giramos a la izquierda hacia Cebreros y ya la cosa clarea. Los del sprint han seguido rectos. Me llama la atención ver un par de ciclistas con dorsal en sentido contrario. Imagino que se retiraban. Cómo eso no entra en mi diccionario, me sorprende.

 Excepto algún misil contado, en general voy manteniendo el ritmo de los que tengo a la vista. Se me van un poco en las subidas, les cojo en las bajadas. Me llama especialmente la atención un triatleta del Half que va con un maillot de manga larga y parecía gordito (el maillot, digo).

 Llega el primer avituallamiento. Cojo bidón de sales 0,5l y una botella de agua. Iluso de mí tiro el agua caliente de mi bidón y lo relleno con la botella fresquita. Operación circense encima de una bici de carretera.

¡Que calor!

 Un triatleta que está subiéndose a la bici me pregunta por la presión de su rueda de atrás. Ha pinchado y teme no llevarla bien de aire. “Aguantará” le animamos. “Con una bomba pequeña no se puede hacer mucho más”, le dice otro Maldice su suerte y se me acopla un rato detrás. Me pide disculpas. No pasa nada hombre.

 Parece que vamos con un calefactor enchufado. ¿Es que aquí no sabéis hacer carreteras llanas?  Me empiezo a mosquear. El segundo avituallamiento era por el 60 ¿no? No voy ni a 20 km/h. Dos horas sin repostar ¡Esto va a ser el Marathon des Sables!

 Tengo, desde hace un par o tres de semanas, un dolor en el pie que me está matando en la bici. Curiosamente no me molesta mucho al andar ni al correr. Que le den.

 Veo a unos triatletas parados. Pienso que ha debido de haber una caída o algo así. Luego me percato de que están llenando los bidones de un chorrito que mana de las piedras. Más tarde me enteré que hubo abandonos por problemas "gástricos" por beber de un abrevadero no potable.

 Un chico con una manguera en una gasolinera echa agua hacia arriba como improvisada ducha. Me paro y lleno un bidón. "Muchas gracias, no lo olvidaré" le digo. Mil veces me arrepentí de no haber llenado los dos. ¿En qué leches estaría pensando?

 Definitivamente voy seco. Hay un pueblo. Genial. Entro en un bar y pido agua. Dinero no llevo, pero daré pena seguro. En la plaza del pueblo veo otros dos triatletas caminando con la bici. ¿Dónde hay agua por aquí? En la fuente. Pues allá que vamos.

 Recuerdo ver en el fore que llevaba 45 km y estaba ya harto de calor, de sed y de cuestas. ¡Sólo faltan 50 km y una media maratón! A pensar en otra cosa que así no vamos bien.

 Sobre el 60, primer paso por Robledo. “¿Qué tal vas?” Me pregunta mi supporter. “¿Bien o te lo cuento?” No dije eso, pero me dieron ganas. Creo que mucha gente aprovechó para coger su coche e irse a casita.

 El segundo avituallamiento estaba justo al salir del pueblo. Los chavales, muy majos en todos los puestos, me preguntaban si quería agua, barritas, sales. “De todo”, les dije. Me paré. Bebí, charlé y salí con dos bidones en el cuadro y uno dentro del maillot. Uy, que se me hiela el esternón. Me lo paso a la chepa. Mucho mejor.

 Comienza una subidita durilla. Yo no voy sobrao. Llevo, cómo gran parte del recorrido todo metido. Curiosamente es con ese desarrollo cuando más adelanto a la gente. Yo creo que hay que ir o sobrado de piernas o sobrado de desarrollo. Está claro: yo tengo 3 platos.

 Aún así tengo pequeños calambres. Sin duda ha sido la deshidratación, porque yo estaba medianamente preparado, las piernas descansadas y no he forzado para nada. Mal vamos. Como y bebo todo lo que puedo. Sobre el 80 los superaría.

 La subida, como todas, al final se termina y la bajada es chunga por el estado del asfalto. Varias veces apuesto 3 a 1 a que pierdo el bidoncillo de medio litro que va holgado y pegando botes. Bueno, eso y algún empaste. Al final lo que pierdo es mi apuesta y conservo todo en su sitio.

 Me hace mucha gracia que una chica de paquete de un motorista se aproxime y me pregunte que tal voy. No sabe lo que falta para el avituallamiento. Me pasa un bidón de agua y se marcha. Casi fueron los únicos seres humanos que vi por allí. Desde luego ningún triatleta en casi 20 km.

 Llegamos a las antenas de la NASA (impresionantes) y al tercer avituallamiento. Último cruce, saludo a la benemérita y ya se ve a los triatletas corriendo. Que gusto poder ser un máquina de esos.

 5 horas de bici después

 Lo bueno es que ya no hay ni sol. La gorra no me va a hacer falta. Cojo los dos geles que tenía preparados (ya había tomado 4, mas varios plátanos) y me digo a mí mismo "coge el fore, coge el fore, coge el fore". Allí que se quedó puesto en la bici.

 Las pulseras las daban curiosamente al empezar la vuelta. Cojo una. Y como hasta entonces el estómago iba bastante bien, pues me trinco un gel con agua muy ufano. ¡Qué mal me sentó! ¡Qué dolor de estómago! Tardé casi dos vueltas en superarlo y no tomé ni agua de lo mal que iba. El único momento que pensé en caminar fue por el dolorcito de marras. Luego se fue poco a poco.

 Me dice un compañero de fatigas en tono jocoso: "¡Oye! esas zapatillas... ¡son las del decathlon! (refiriéndose a mis flamantes new feel)" "Sí, señor" le digo "10 €" No recuerdo su expresión exacta pero vino a ser algo así como "¡Manda huevos!"

 El circuito no podía ser más feo. Corríamos por medio metro de arcén de una carretera. Cuando venía alguien en sentido contrario había que echarse o a la carretera o al campo. A todo esto en perfecta cuesta abajo a la ida y en perfecta cuesta arriba a la vuelta. Aquí no se regala nada.

 Oí la siguiente conversación entre un triatleta y, supongo, alguien del servicio médico: "¿Entonces que hago? Beber sales. No te llenes la barriga de agua o te darán calambres" ¿Adivináis que es lo único que se podía beber en la carrera? Agua. Eso sí, yo tomé nota del sabio consejo y mi supporter me suministró un poco de isostar que me vino al pelo. No tenía yo el estómago para experimentos.

 Cuando estoy completando la segunda vuelta con dos pulseritas en la mano viene la noticia. Un juez en bicicleta anuncia: "A las diez y cuarto cerramos el control de carrera" Debían de ser las diez y diez o así. Me fastidió lo justo, porque ya en la charla técnica me temí lo peor. Vi otros que sí que se lo tomaron realmente mal.
 Mi primer pensamiento fue:
"Y voy a tener que hacer otra vez un HIM para acabar esta distancia"
El segundo: "Paso de hacer otro"
El tercero: "¿Pero por qué no nos dejan acabar?"
Y el cuarto: "Ya está. Yo acabo éste como sea. Problema resuelto"

A mi mujer, andando a su lado: "Escúchame bien. Van a cortar la carrera, pero yo acabo por mis… Ve al coche y tráeme la linternita led"

 Mi única preocupación: Que quitasen los conos y no fuera capaz de saber dónde dar la vuelta. "¿Vas a seguir? Sí. Bajo tu responsabilidad. Puedo prometer y prometo que sigo bajo mi responsabilidad" Textual 

La chica que va a mi lado le queda una vuelta y le pide a un miembro de la organización "por lo menos completad el podium femenino, que voy la tercera"

 Unos pocos seguimos. Yo creo que muchos lo pensaron pero al final se desanimaron. Llego a la zona de agua. Tomo una referencia con dos torres eléctricas y la luna. Aquí tengo que dar la vuelta si me quitan los conos.

 Estoy llegando al final de la tercera vuelta. "Voy a acabar" le digo mi mujer "claro que sí" me responde "¡qué confianza!" pienso. Luego resultó que la pobre estaba confundida por la charla técnica dónde ponía en la diapositiva que eran 3 vueltas aunque el organizador confirmó que serían 4. "No te preocupes si tardo algo más, puede que tenga que andar" Al final no fue así, pero mi tercera vuelta fue la más rápida por la adrenalina del "fuera de control" y notaba los cuádriceps tocados.

 "¡Qué previsor! Me comentan otros triatletas al ver la linternita que sólo servía para que me vieran los coches. La luna era muy tímida y no se veía un pimiento. Paso otra vez por el campo de futbol. El speaker que aún curraba en aquel momento anuncia que dos triatletas llegan por fin a meta. Se equivoca, a mí me queda una vuelta todavía.

 España gana ya a Francia en el europeo de fútbol. Poca gente por allí.

 Un chaval de la organización me anima. Los coches pitan. Algún grito de ánimo también sale por las ventanillas. Creo que nunca me habían sentado tan bien esos ánimos y nunca los había sentido tanto.

 Última bajada de la cuesta. Las chicas del agua siguen allí. No tienen una mísera luz. Están en la carretera jugándose el físico. La luna se ha perdido entre las montañas y mi referencia también. Gracias, gracias, gracias, les digo. Lo mejor de la nefasta organización.

 Quedamos 3 triatletas. El último va andando detrás de mí. El otro me había adelantado en la bajada. Al final de la misma le veo vaciando el depósito "no había hecho en toda la prueba" dice. "¡Vamos juntos!" me anima. No sé si es que le apetece ir protegido por mi linternita o simplemente le apetece ir en compañía. "Vete" le insisto varias veces. Me había pasado claramente en la bajada y no quería forzar por ir a su ritmo. 

En estas que un chaval en moto viene del pueblo. Nos anima y se pone justo detrás nuestra para acompañarnos y darnos luz. Gracias. "No te puedo dar mucha conversación" le digo "ni te la pido” dice “tú a lo tuyo. Es grande lo que estáis haciendo. Yo competía, pero un accidente de moto me tiene parado. Estoy deseando volver" Que majo.

 Mi compi flojea y el motorista le espera. Yo me animo y me vengo arriba.

 Mi mujer corre a mi lado y me dice cosas que me emocionan profundamente. ¿Te he dado suficientemente las gracias? Pues gracias otra vez.

 Encontré una frase en un foro esa semana y un "reminder" me la metió entre ceja y ceja:

                El dolor es pasajero el orgullo es para siempre


PD: El reloj estaba parado. Otro detalle de la organización. Llegué 10 minutos después de lo que marca.

sábado, 9 de julio de 2011

Triatlón de montaña Tri Encinas

Ya soy triatleta, y de montaña.

Este año el club ducross ha organizado el triatlón de montaña TRI Encinas, en la madrileña localidad de Boadilla de Monte.

Pablo y yo nos hemos animado, y la experiencia ha sido espectacular. Qué os voy a contar?

Pues que nadé 700 m, el que se está lanzado desde el embarcadero soy yo, después de dejar pasar a 95 corredores, básicamente para darles ventaja.


Que hice 15 km en mtb, intentando no sufrir mucho, en esta foto es del la salida en bici se me ve feliz, no como cuando dejé la bici...


Y acabando con 4 km de carrera a pie que me han sabido a gloria. Sufrí justo lo que tiene que sufrir un atleta que la última vez que se calzó sus zapas de correr fue hace 6 meses.


Sin embargo aquí tuve las mejores sensaciones, una de ellas entrar en la meta con Sergio.


Al final el tiempo creo que es lo de menos, pero como hay foto lo ponemos:


Creo que fue Montesquie quién dijo, desdichado aquel que no consigue realizar sus proyectos, y desdichado también aquel que lo consigue. En fin, ahora tendré que buscar otro.


domingo, 12 de diciembre de 2010

Maratón de San Sebastián 2010

En la oscuridad de la habitación del hotel, horas antes de que suene el despertador, repaso mentalmente el recorrido de la carrera, los tiempos, y me digo por enésima vez que es la última vez que me meto en este lío. El miedo al sufrimiento siempre es peor que el sufrimiento.

Por fin ha amanecido, y las horas previas a la carrera son como las de todas las carreras, pensando que no vas a aparcar a tiempo, que no vas a encontrar un sitio para tomar un café, ni un baño donde departir por última vez con Mr. Roca… finalmente, cuando calientas lo poco que se calienta antes de una maratón y estás ya vestido de faena, con los escasos cuatro grados de las 9 de la mañana, te sientes de alguna forma liberado. Ya solo queda correr, la compleja logística que te autoimpones durante meses de entrenamiento, y especialmente este último fin de semana, ha terminado con éxito. Estoy en el sitio indicado el día indicado, y las piernas y la cabeza quieren correr.

Quedan segundos para salir, un corredor me ayuda a saltarme la valla para colocarme en mi sitio: “no te vayas a desgraciar ahora con todo lo que nos queda”, me dice. Y suena a toda tralla el Highway to Hell de AC/DC. Buenísimo! Qué podría ser más adecuado en este momento. Paso por la salida emocionado.
Hey Momma, look at me
I'm on my way to the promised land
I'm on the highway to hell

No llueve, no hay previsión de mucho viento (algo de las dos cosas nos tocará por el paseo de la concha pero claro, si no no tendría gracia la cosa), nos han regalado la mañana perfecta para correr.

Salgo conservador, no tiene sentido forzar ahora. El plan es claro, no hay cuestas ni subirá mucho la temperatura, el ritmo tiene que ser todo lo constante que se pueda, la referencia son los 4:40 min/km, procurando no bajar jamás de 4:30, vengo muy cortito de series y de carreras y se que no recuperaré bien las alegrías, así que a controlar. Si todo va bien el objetivo son 3h15m.

Los primeros miles cuestan un poco 4:50, 4:43, 4:40… al final de la primera vuelta, la pequeña, de solo 5 kms, ya parece que las piernas cogen el ritmo bueno. En este punto se hace la primera pasada por Anoeta, entras por un lado del estadio, recorres 200 m. por la pista y sales por el otro extremo. Qué grande va a ser estar aquí dentro de tres horas.

En el MAPOMA de 2007 regalaban un librito de Javier Serrano donde se decía que un maratoniano experto puede saber como le va a ir la cosa ya al final de la primera media hora de carrera. Yo no me considero maratoniano experto, ni mucho menos, pero reconozco que de esto sí soy capaz; el año pasado en Vitoria creo que ya en el 5 sabía que no terminaría (retirarme aquel día en el km. 26, recorrer las calles vacías hacia la meta y esperar a David y a Carlos mientras veía llegar corredores, fue la peor experiencia de mi vida como runner), hoy sin embargo las sensaciones son bien diferentes. Me gusta el frío, la gente de Sanse son el mejor público que he visto nunca, y correr en esta ciudad, muy especial para mí, me pone los pelos de punta.

Paso el 10 en 46:25, en línea con lo previsto, incluso un poquito mejor, y descorcho el primer power gel. Esta vez he cambiado la estrategia de avituallamiento, tras mucho leer experiencias de otros corredores, y tomo el primero más pronto. Ya veremos qué tal va. Tras el 10 cruzamos el puente del Kursaal, sobre el Urumea, junto al hoy gris cantábrico, y dejamos el barrio viejo -“lo viejo”- a la derecha. Seguimos por el Boulevard, la calle Hernani, y empezamos a ver la playa por entre los edificios hasta salir al paseo de la Concha. Por aquí empieza a llover un poco y sopla el viento del mar, me refugio en un grupo, detrás de un tío muy grande con uniforme de triatleta, pero al poco para y les dejo para seguir a mi bola, progresando de atrás hacia delante. Correr junto a esta playa con la isla de Santa Clara al fondo (la perla de la concha), es algo que todo corredor debería hacer al menos una vez en la vida.

Con tanta emoción paisajística el ritmo ha subido, ando más ya en 4:30-4:35, pero las sensaciones son inmejorables. Pasamos el túnel que comunica con Ondarreta y entramos en la zona menos turística del recorrido, la avenida de Tolosa nos mete en el Barrio Antíguo y recorremos en una ida y vuelta de 6 kms calles más convencionales, de rotonda en rotonda hasta salir nuevamente a la playa, ya en el 19.

Paso el segundo 10k en 45:23 y poco después la media en 1:36:55. Calculo que me hecho un pequeño colchón, y que para cumplir con las 3:15 me basta con hacer la segunda media en 1:38. A partir de aquí empiezo a notar unos pinchazos extraños en el gemelo derecho, recuerdo una molestia igual a principio de año que casi no me deja correr la media de Getafe. Intento no darle importancia y sigo a lo mío. Un poco antes de Anoeta me uno a un grupo de unos 8 corredores comandados por un tío de azul y otro de negro, sin pensarlo mucho me pongo en cabeza y veo que no puedo dejarles (de hecho me da la impresión de que han acelerado cuando me han visto aparecer por allí). Lo dejo estar y me quedo a medio grupo, que no tengo ninguna prisa.

El segundo paso por Anoeta es apoteósico, salimos en la pantalla grande del estadio a medida que recorremos la pista, la gente aplaude, suena el Sick of Love a toda pastilla y me emociono hasta que casi no soy capaz de respirar.

Entramos en una parte más delicada de la carrera, muchos corredores empiezan a pagar las alegrías del principio y se van quedando atrás con un trote derrotado, miro a mis compañeros de grupo y me parecen todos unos máquinas, creo que soy claramente el gordito del equipo. Más que dejarles, como pretendía al principio, me preocupa que su ritmo sea demasiado para mi dentro de pocos kilómetros. Estamos ya en 4:30, pero el paso es muy regular y de momento les sigo sin esfuerzo.

El recorrido se repite milimétricamente y la mañana mejora, se asoman trozos de cielo azul entre las nubes y a ratos es difícil no venirse arriba y correr más. Km. 28 por Zurriola, segundo y último paso por el puente del Kursaal, tercer gel en la Concha (km 30), todo el pescao está vendido; ahora es el momento de triunfar o de empezar el calvario de la última hora de carrera. Toda maratón empieza aquí.

Seguimos a 4:30 y no puedo dejar de pensar que voy demasiado rápido y lo voy a pagar, es la primera carrera de mi vida que me tiro una hora corriendo al ritmo de un grupo. Muchos corredores ya van salvando los muebles y les pasamos como una apisonadora. Alguno intenta engancharse y corre unos cientos de metros con nosotros pero ninguno consigue quedarse salvo un chaval que lleva uniforme de maratonianos de Cáceres, y una chica que al final será tercera en el campeonato de Guipuzcoa (la veo correr fácil con nosotros a pesar de ser muy bajita, lo que le obliga a llevar una zancada larguísima). Sin embargo se que estas alegrías se pagan siempre al final, la maratón no perdona, y tengo un maquiavélico plan guardado en la manga.

Hace ya rato que he decidido descolgarme en el 30. Llevo bastante tiempo ganado, en el 30 picaré y echaré cuentas, pienso que siguiendo desde ahí a 4:40 aseguraré el final y bajaré holgadamente de las 3h15m previstas. Me encuentro bien, aunque el gemelo molesta cada vez más, y me veo capaz de hacer esos 12 kms a 4:40.

Paso el 30 en 2:16:55 (tercer diezmil en 45:06), siguiendo a partir de aquí a 4:40 llegaría sobre 3:13:30, esa hubiese sido la decisión lógica, aunque por otra parte… ¿cuántas veces vas a correr el maratón más llano de España en un día perfecto, sin aguaceros ni vientos de 40 kms/h?¿Cuántas veces vas a pasar el km. 30 de cualquier maratón sintiéndote tan entero como ahora? Pasa el 30 y no me muevo un milímetro del grupo, 31 y 32 los haremos ligeramente por debajo de 4:30, y en el 33, sin pensarlo en absoluto, casi sin cambiar de ritmo, me abro por la derecha, dejo el grupo y sigo solo hacia adelante.

Aquí ya se empiezan a ver las escenas típicas de todos los maratones, gente caminando, estirando al borde de la carretera, corredores que se animan y se gritan para intentar que aguante un compañero a punto de hundirse… Sin embargo yo corro en una especie de nube, sin ninguna sensación de muro, con la impresión de que queda gasolina para rato en el depósito.

Siempre tiene que haber algo que te estropee la fiesta, y esta vez va a ser el gemelo derecho. En el 34 llevo ya una clara sensación de que en cualquier zancada me puede dar un latigazo y dejarme en la cuneta, intento suavizar un poco el ritmo, pisar distinto, no se qué hacer pero no puedo fastidiar un día como hoy por esto.

El último paso por la Concha es inolvidable, el público es lo mejor que he visto nunca, parece como si todos supiesen lo duros que son estos kilómetros finales, leen el nombre en el dorsal y animan continuamente. Cada minuto paso de la emoción por seguir adelantando corredores (40 o 50 por kilómetro, que los voy contando para motivarme) a la desesperación porque el gemelo parece estar en las últimas. El cielo sobre el mar ya es casi tan azul como blanco, la concha es un cuadro y yo sigo sin rastro de muro. Algo me han echado en los spaghetti de anoche porque esto no es normal.

Sigo en mi ritmo y el estadio ya se ve sobre los edificios desde el km. 40. Paso el último 10k de la carrera en 45:03, cada uno ha sido un poco más rápido que el anterior. He llegado a un pacto de no agresión con el gemelo, que está totalmente agarrotado pero ya no parece ir a darme un latigazo pronto, y los últimos 2 kms. y pico acelero hasta los 4:20, sin atreverme a más.

Va a ser mi primera entrada a meta de una maratón en una pista de atletismo. Mucha gente en las gradas, la megafonía nos llama por nuestros nombres a medida que nos acercamos al arco de meta, me llega suficiente sangre al cerebro como para pensar en hacer una entrada digna (a ver si esta vez no salgo en la foto de llegada picando tiempo o mirando obsesivamente el reloj, que llego hora y pico tarde para batir el record de Gebre).

Llego en 3:11:29, casi sin poder apoyar la pierna derecha, mi segundo mejor tiempo en la distancia y con la satisfacción de haber hecho una carrera sin errores, sacando lo más que he podido de mi estado de forma. La segunda media ha salido en 1:34:32, casi 2 minutos y medio más rápida que la primera!

4 meses y 930 kms. de entrenamiento amortizados en este instante. Camino lentamente junto al césped del campo de fútbol, mirando al estadio, disfrutando de uno de esos momentos únicos en la vida de un modesto runner. Junto a mí hay un chaval apoyado en una de las vallas, llorando en silencio de espaldas a la gente.

Domingo, 5 de diciembre. Ha pasado una semana ya y he vuelto a calzarme las zapatillas para rodar 45 minutillos. Salgo de casa por los pinares de la ladera del Abantos, pisando suavemente la poca nieve que queda en los caminos, hacia mi circuito por los alrededores del pueblo. Los coches vuelven a ser los dueños de la calle, correr es otra vez algo personal, silencioso y anónimo, como la propia vida.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Festibike 2010, 18 de septiembre


Esta mañana hemos madrugado parte del cano-ritmo (Fran, Pablo y yo) y nos hemos ido a las Rozas a correr el Festibike 2010. Por mi parte era la segunda comparecencia, Pablo lleva 3 o 4, no recuerdo exactamente y Fran creo que otras dos. El resto del cano-ritmo, de fiesta. Literalmente.
Hoy había previsiones de algo de lluvia y como había llovido en la zona el jueves y viernes, se preveía un terreno algo blando.
La preparación para el evento había sido la habitual para estos casos pero las alarmas habían sonado en las últimas 48 horas con las almorranas, el “affaire” de la “Muñecona” y con las dudas de la fiabilidad del amortiguador “DT Swiss M210” que tantos dolores de cabeza nos ha dado en las últimas semanas. Además, algunos empezamos a ser veteranos de verdad, eh Pablo? ¡Felicidades chaval!
Bueno, pues ahí estábamos, siguiendo el plan previsto, desde las 9:00 en la misma línea de salida. La experiencia del año pasado, en la que salimos muy atrás y nos hizo perder mucho tiempo . Este año la organización con buen criterio había dividido la carrera en 2 con las salidas espaciadas en media hora. La más larga (la nuestra) de 72 bajando el cupo de esta última a 1800. Eso se ha notado mucho durante toda la prueba, menos montoneras y más disponibilidad en los 4 avituallamientos.
Pequeña queja para la organizción: para otro año, por favor, que suban el track oficial si no van a poner a nadie durante todo el recorrido. Muchos corredores perdimos durante varios kilómetros la ruta en varios puntos.
Antes de la salida, los últimos “ánimos” del presentador que insistió varias veces en que nos lo pensáramos, que la cosa podía estar pesada por la lluvia y algunas palabras de Hermida, reciente campeón del mundo. Menudo máquina. Las nubes se apartaban y parecía que la mañana iba a ser buena. Nuestra previsiones eran estar de vuelta antes de las 15:00 si no había incidentes, tipo reventones de tubeless, roturas de amortiguador, ... todo contaba. Desde la organización nos decían que atención con los últimos 10 Km que habían tenido que desviar la prueba volviendo de nuevo junto al río, por un puente que habían montado la noche anterior. Ese tramo que va junto al río lo hemos hecho nosotros varias veces, así que casi mejor. A partir de ahora voy a ir soltando datos de altimetría que guardó el Garmin. Para empezar, la salida a unos 719 m de altura.
Bajamos directamente hacia el rio Chico (629 m), y enfilamos en seguida la subida a “Colmenarejo”, de primera categoría, un clásico para nosotros pues es un entrenamiento que hacemos con bastante frecuencia.
La subida se hace bastante bien al haber muchos menos corredores, tan sólo en la triple cuesta final antes de coronar, yo tengo que poner pie en tierra por una montonera provocada por una caída. Pablo y Fran que iban delante coronan sin problemas. Hemos tratado de subir midiendo en todo momento pero esas últimas rampas te imponen un esfuerzo grande y mi estómago me da algún aviso. No van ni 10 KM y se me presentan algunas dudas. Eran alrededor de las 10:23 y habíamos subido hasta los 872m.
Una vez arriba, giramos hacia Colmenarejo, y bajamos aproximadamente durante media hora hasta los 639 m para enfilar la segunda subida del día. No la habíamos hecho nunca y por el perfil que tenía estábamos algo temerosos, subíamos igual que Colmenarejo pero en menos distancia. La llaman “la subida de la muerte”.
Realmente se hizo menos dura que la primera. No había tramos de descanso pero ninguna rampa como las duras de Colmenarejo. Coronamos sobre las 11:15 a 855m. Las dudas sobre nuestro estado físico se van disipando, nos hemos quitado 2 de las 3 subidas y la cosa no va mal.
Desde ahí una bajada rápida de una media hora hasta los 600 m (11:48). Ahí ocurre lo impensable, Pablo que nos lleva unos metros de ventaja, absorto en los detalles de su nueva bici, se sale de ruta. Por delante teníamos una hora aproximada de llaneo y al no verle en un buen rato nos mosqueamos. En ese momento recibimos su llamada y un rato después nos reencontramos. La versión oficial dice que estaba hablando por teléfono, era su cumpleaños y tenía la llamada de su familia. La realidad apunta a que ha ingresado en el grupo de élite “scott”, un subgrupo del cano-ritmo al que les puede pasar cualquier cosa sobre la bici porque se despistan hablando de las maravillas de las scott y de lo pulidito que está el cuadro... Llevábamos alrededor de 41 KM.
Como decía antes ahora teníamos por delante una hora de llaneo. A las 12:54 a 665 m iniciamos la tercera subida de la carrera. Esta subida es dura de verdad y no hay prácticamente nadie que la suba completa. Pablo y Fran lo hacen bien y casi llegan hasta arriba, pero los pedruscos sueltos, los surcos y la gente andando lo hace imposible. Coronamos a las 13:13 a 806 m.
Pasamos por las Villanuevas y enfilamos camino de vuelta hacia las Rozas. Sobre el kilómetro 58 giramos a la izquierda en el desvío que había avisado la organización. Todos los ciclistas que teníamos por delante habían seguido recto. Las fuerzas debían empezar a flojear y la gente no vio las marcas. Con nosotros se vinieron muchos de los que venían por detrás. Llegamos al último avituallamiento sobre el KM 60, pasamos el río sobre el puente de madera y nos mantenemos junto al río mientras volvemos al punto de partida. Son las 13:22 y estamos a 643m. La tendencia del camino sigue hacia abajo hasta los 628m (13:57) momento en el que iniciamos claramente la subida, por el mismo sitio por el que bajamos. Llegamos a meta sobre las 14:13, no sin antes una pequeña volata, que parece que quedó igualada entre Fran y Pablo. Entramos todos felices y contentos con muy buenas sensaciones en el cuerpo. El tiempo nos acompaño, hubo algunas nubes en el tramo final y la temperatura fue muy buena, sin mucho calor. Tengo la sensación de que fue más suave que la edición del año pasado. Aunque tuve ciertas dudas la tarde anterior, me alegro realmente de haberla corrido. Echamos de menos al resto del cano-ritmo pero los que fuimos lo hicimos en buena sintonía.
Los datos de la marcha:
67.5 kilómetros
4:30 tiempo en movimiento
0:36 tiempo detenido
15.0 media en movimiento
13.2 media total
Ascenso total 1283 m
Fran, cuando puedas sube las fotos please.
Para acabar, Pablo con su spark 30 va como una moto. Ha ido todo el rato en cabeza, excepto el rato a solas con su scott (jeje). Se le veía completamente sobrado. Va a seguir un duro contrincante para todas las volatas. Con el hierro que tenía no íbamos a ninguna parte. Has hecho buena compra, enhorabuena!!
Fran, como siempre es un tío cachondo y da gusto ir con él a todas partes, ah y cómprate la doble ya!!
Saludos cordiales